Tamara Adrián: ‘Un ‘trans’ debe ser el triple de bueno en el trabajo que un hombre’

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Habla Tamara Adrián, la primera mujer ‘trans’ con una curul en la Asamblea Nacional de Venezuela.

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Tamara Adrián nació en Caracas el 20 de febrero de 1954, bajo la sombra de un país gobernado por un militar y, 62 años después, se convirtió en la primera congresista transexual de Venezuela, oponiéndose a una corriente política que vio la luz en los cuarteles: el chavismo.

Aunque todos la conocen como Tamara, su documento de identidad dice que se llama Tomás Mariano Adrián. De hecho, así apareció en los tarjetones electorales.

Doce años después de solicitar el reconocimiento de su género ante el Tribunal Supremo de Justicia, su caso sigue sin ser resuelto. A pesar de su éxito político, no puede ocultar la molestia por el silencio de la corte, que no formaliza lo que para muchos es obvio.

Adrián asumió su curul en la Asamblea Nacional a mediados de enero, en representación del partido Voluntad Popular, que integra la Mesa de Unidad Democrática (MUD), plataforma contraria al chavismo, anclado en el poder desde 1998. Su discurso caló en las periferias de la capital, especialmente en barrios marginales donde tienen refugio miles de ciudadanos LGBTI olvidados por el Estado.

Su elección como diputada hizo parte de la histórica jornada del 6 de diciembre del año pasado, cuando la oposición ganó 112 escaños en las elecciones parlamentarias, consiguiendo la mayoría calificada y arrebatándole el control del Legislativo al Partido Socialista Unido (55 escaños), por primera vez en 16 años.

La legisladora caraqueña es abogada de la Universidad Católica Andrés Bello, doctora en Derecho Comercial de la Université Panthéon Assas de París, profesora en dos universidades y ganadora de una beca para estudiar un diplomado en Gobierno Local y Estatal de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Adrián se define como “transheterosexual” antes de explicar que, aun cuando se siente y se ve como una mujer, la atrae el género femenino.

Como una vía de escape a la presión que ejercían sus parientes para que echara raíces y formara una familia, en los años 80 se casó con una mujer y tuvo dos hijos. Luego se separó y volvió a contraer matrimonio en 1992. Tras una década de tensiones y explicaciones sobre su orientación sexual, sus hijos –un varón de 28 años y una joven de 26– finalmente tienen una buena relación con su madrastra.

Hoy disfruta leyendo sobre derecho y se siente orgullosa de ser la primera en su género en discutir de manera tan directa con el Gobierno los asuntos que aquejan a los gais, lesbianas, bisexuales e intersexuales.

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¿Qué la motivó a postularse para la Asamblea Nacional?

En el 2009, Leopoldo López (hoy preso) estaba conformando el partido Voluntad Popular. Nos reunimos y me dijo algo que me hizo reflexionar: “Cada vez que necesites algo tienes que ir a un político con la finalidad de convencerlo para que acompañe ese proceso que estás liderando. ¿Por qué mejor no te conviertes en ese político que puede hacer que surjan transformaciones?”. Desde entonces he hecho carrera política al lado del activismo y de mi carrera como profesora y abogada. En las circunstancia actuales, es prácticamente imposible abstenerse de participar en política.

¿Ha sido difícil consolidarse en el Legislativo siendo transexual?

Yo me precio de gozar del respeto que me he ganado en más de 30 años de carrera jurídica de alto nivel. Pienso que con trabajo, estudio y dedicación se pueden superar muchos límites que se imponen socialmente. Imagínese: si se dice que una mujer tiene que ser el doble de buena para lograr el mismo reconocimiento que un hombre, pienso que una persona ‘trans’ tiene que ser tres o cuatro veces más dedicada en su trabajo.

¿Cómo asumió el hecho de verse ganadora?

Como una gran responsabilidad, porque la gente tiene esperanzas en el cambio y en este caso particular los que están a favor de la igualdad tienen muchas esperanzas de mi acción en la Asamblea. Pero no quedamos exentos de las presiones, sobre todo de las iglesias evangélica y católica.

¿Qué le dicen?

Primero, me tratan en masculino y dicen cosas horrendas de mí, como que soy proabortista y que era imposible que formara parte de la Unidad, además de frases como: “el transexual Tomás Adrián, que usa el nombre de Tamara”.

¿Es difícil que la reconozcan como la diputada que representa a un grupo de ciudadanos?

El arma preferida de todas las intolerancias es la invisibilidad, siempre ha sido así. Cuando alguien se hace visible es usual que sea objeto de agresiones. Por eso me siento muy honrada de que una persona como el obispo mayor de Venezuela me ataque con nombre y apellido. Eso quiere decir que estoy haciendo algo bueno.

¿Cómo recuerda el día de su posesión?

Hubo un momento interesante en el que tanto la oposición como el Gobierno se ponen de pie y me aplauden cuando me nombran. Eso fue algo que nunca había sucedido.

Hace poco la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) analizó la situación de la comunidad LGBTI en Venezuela y destacó aspectos preocupantes de homofobia. ¿Cómo planea combatirla desde la Asamblea?

Efectivamente, otro episodio bochornoso tuvo lugar el pasado 6 de julio, cuando la ministra para Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, dijo que Henrique Capriles –líder de la Unidad y gobernador del estado Miranda– estaba obsesionado con el ano (recto). Lo que se debe hacer es crear conciencia y organizarse, porque es muy difícil que una sola persona lo pueda hacer.

Vamos al año 2010, cuando usted se postuló para el Tribunal Supremo de Justicia. ¿Qué pasó?

Desde hace mucho tiempo, el chavismo ha acabado con la separación de poderes en Venezuela. Cuando se abre el proceso público de nombramiento de magistrados, me pareció necesario demostrar que se estaba eligiendo a las personas por su misión política y no por sus capacidades. Por eso me inscribí. Aunque todas mis calificaciones eran superiores, mi nombre no fue considerado.

¿Cree que se trató de un acto de discriminación?

Es un acto de discriminación política, pero también es un acto de discriminación por mi orientación sexual.

¿En qué momento se dio cuenta de que había nacido en un cuerpo equivocado?

Lo tenía muy claro en la adolescencia. De tanto en tanto tomaba hormonas, ocultándome y con grandísima desesperación, porque si cambiaba mucho mi cuerpo podría encontrarme en una situación en la que debía dejar mis estudios y no ser una profesional, que es lo que sucede con la mayoría de personas ‘trans’. No es por azar que el tema de la ‘transfobia’ genere hasta diez veces más suicidios en niños y niñas que en el resto de la población y que el 96 por ciento de toda la población ‘trans’ (en Venezuela) viva por debajo del límite de pobreza.

¿Por qué tomó finalmente la decisión de operarse?

El tema de las operaciones genitales es algo secundario. No son necesarias para el reconocimiento de la identidad ni importantes para mucha gente. Nadie cambia de sexo, tú tienes un sexo que es tu género de identificación y eventualmente puedes adecuar a él tu morfología.

¿Buscará el matrimonio entre parejas del mismo sexo en Venezuela?

Sí. Vamos por una ley orgánica de registro civil donde habrá uniones de hecho, uniones civiles y reconocimiento de la identidad de las personas ‘trans’. Soy de la opinión de que la Asamblea Nacional debe regular el matrimonio igualitario y pasarle la pelota al Tribunal Supremo para que se vea quiénes son los intolerantes.

¿Qué se dice en su país del camino que ha venido tomando el vecindario sobre la aprobación del matrimonio igualitario?

Que es una perversión impuesta desde el norte. Las que más se oponen son las iglesias evangélicas: más de 18 han enviado escritos diciendo que la Biblia debe estar por encima de la Constitución Nacional.

Vía El Tiempo

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