Transexualidad en Venezuela, más allá del negocio (video+audio)

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Victoria Charlotte Gil y Lisbeth tienen un sueño en común: ser médicas. Ambas son mujeres transexuales venezolanas que sienten una vocación por brindar salud a los demás con los sacrificios y satisfacciones que implican. Sin embargo, la aceptación de su identidad de género por parte de sus padres marcó una abismal diferencia. Esta discriminación y lucha por aceptación social se extiende desde la esfera privada de las familias hasta las instancias oficiales, y condiciona los derechos al trabajo, salud y educación de miles de ciudadanos de nuestro país.

Victoria es Técnico Superior Universitario en Enfermería de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y estudia quinto año de Medicina en la Universidad Bolivariana de Venezuela a sus 25 años. Aunque a los 7 sintió que su sexo no correspondía consigo, fue hasta los 13 que le dijo a sus padres que era homosexual, pues desconocía la transexualidad. Vive en La Libertad, barrio 23 de enero de Caracas, desde donde hace 5 años que viste y vive con el género e identidad sexual que realmente la identifica: es una mujer heterosexual. Trabaja en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de la Zona F de su comunidad.

 

Lisset, de 22 años, que no comentó su apellido, fue botada de su casa por sus padres cuando a los 16 años les dijo que había nacido en un cuerpo equivocado. Aunque biológicamente era un varón, “siempre supe que era una hembra, una niña”. Tuvo que vivir en la calle, abandonar los estudios y quedó totalmente desprovista de ayuda. Se mudó a Caracas desde el estado Táchira y desde entonces ejerce el trabajo sexual en la avenida Libertador “por necesidad, porque no tengo otra posibilidad”. Para ella, la llamada “vida fácil” le hace horror a su nombre. “En esta profesión corres peligro porque te pueden robar, te pueden golpear, un malandro te quita todo lo que haces”.

“La gente nos tiran botellas, las personas nos lanzan basura, los malandros nos disparan”, revela, mientras asegura que por su estética física y nombre varonil en la cédula no logra conseguir otro trabajo, le han negado la atención médica y el acceso a la educación. “Me dicen que me corte el pelo, que soy un hombre”. Aunque asegura que en una buena noche puede ganar hasta 4 mil bolívares, no es un oficio demasiado lucrativo. Paga alquiler diario en una pensión donde no puede lavar ni cocinar, por lo que gasta dinero en ropa que no puede reusar y comiendo siempre en la calle. Por la discriminación solo usa taxis ante las malas experiencias en el transporte público. Estudió hasta primer año de educación diversificada.

Discriminación oficial

Rummie Quintero, bailarina profesional, instructora de baile y presidenta de la Asociación Civil “Divas de Venezuela”, tiene desde el año 2002 esperando por una respuesta en el Registro Civil por un cambio de nombre aunque legalmente debieron responderle en una semana. Según la Comisión de Registro Civil y Electoral del Consejo Nacional Electoral, refiere lo siguiente para quienes quieran cambiar de nombre.

La persona interesada debe solicitar por escrito el cambio de nombre ante la Oficina o Unidad de Registro Civil, quien lo tramitará conforme al procedimiento administrativo de rectificación de actas. La solicitud deberá contener: La identificación de la persona y del acta que se pretende rectificar por cambio de nombre, la explicación de las razones por las que solicita el cambio de nombre, la dirección donde deberá efectuarse la notificación de la decisión y la firma del solicitante.

La decisión sobre el cambio de nombre, se realizará en un lapso de 8 días hábiles.

Para solicitar el inicio de este procedimiento no se requiere estar asistido por Abogado o Abogada.
La ONG que representa envió el miércoles 5 de marzo de 2015 un comunicado “al pueblo de Venezuela” en que denuncian la pérdida paulatina de las “pocas políticas públicas” de igualdad y equidad de género que obtuvieron durante el mandato del presidente Hugo Chávez Frías. Señalan que esta pérdida se ha debido a mujeres que antes sufrieron invsibilización y ahora son la mano ejecutora de la misma.

Desde el traspaso al Viceministerio de la Suprema Felicidad de la Oficina de Atención a Personas con Vulnerabilidad por Razones de Género o Laboral del Ministerio de las Comunas, que administraba el Centro de Atención “Belinda Àlvarez” para mujeres transexuales en situación de calle y farmacodependencia, se tomó la decisión de sólo atender a nacidas mujeres biológicamente, salvo dos o tres mujeres transexuales que aún permanecen en el lugar.

En el comunicado de Divas de Venezuela, se denuncia que fueron excluidas del Plan Mama Rosa del Ministerio de la Mujer, a pesar de haber ayudado a elaborarlo y no recibieron invitación como vocería oficial en el Congreso Nacional de Mujeres convocado para el 8 de marzo por el presidente Nicolás Maduro. “No hay políticas de inclusión laboral donde gobierna la Revolución”, critica Quintero, al señalar que mientras conocen “la importancia de la defensa de la Matria-Patria” es fundamental empezar por “la autonomía de los cuerpos”.

Gabriel Silva, de la ONG Orgullo GLBT, recuerda la oficina de Atención a Personas Gay y Lesbianas de la Alcaldía Metropolitana durante la gestión de Juan Barreto y señala las dificultades que poseen las Organizaciones No Gubernamentales de obtener financiamiento o apoyo de políticas públicas por parte del Estado.

Primera médica transexual

Victoria Charlotte tiene otro sueño, que su diploma salga con el nombre que corresponde con su identidad, no con su biología natal, mientras ahorra dinero para realizarse una reasignación genital. “Quiero ser la primera médica transexual de Venezuela, demostrar que las mujeres trans podemos hacer lo que queramos y que somos personas como todas las demas, con creencia y cultura, tenemos derechos a un trabajo digno, ser reconocidas, a tener un matrimonio, una casa. Tenemos que ser responsables con las decisiones”, reflexionó.

La también enfermera ha tenido que afrontar obstáculos académicos. En la UCV que la graduó como TSU no la dejaron inscribirse en Medicina por los cambios en su físico. “Me dijeron que no correspondía con el nombre de la cédula”, por lo que recurrió a la UBV, donde las dificultades no han sido menores. “Aunque me aceptaron sin problema, hay doctores y funcionarios adminsitrativos que me han pedido que me corte el cabello, que me salga de la universidad, que no pertenezco a este lugar”, confiesa.

Victoria cuenta que ha tenido parejas, todos hombres heterosexuales, y que lo son todos sus amigos. “No conozco muchas mujeres trans”. En una consulta médica rutinaria atendió a Rummie, quien la invitó a una reunión del Ministerio de la Mujer con Mujeres Trans, Lesbianas y Sexodiversas para la discusión de un documento por la Plataforma Unitaria de Mujeres Revolucionarias. Desconocía las dificultades para cambiar su nombre legalmente.

Heterogénero

Brian Espinel es la pareja de Rummie Quintero. Sueña con casarse con ella y por eso juntos abogan por la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario. Se define como un hombre heterosexual pues “siempre tuve parejas morfológicamente mujeres”, señala. “Con vagina”, aclara para más señas. “Hay sexo, género y orientación sexual, que son cosas distintas”, explica, “no es que a mí me gusten las mujeres trans, me gusta Rummie”. Esas explicaciones no han bastado para sus padres, una andina y un árabe, según confiesa. “Mi mamá no acepta que tenga una novia con pene”, defiende. Explica que hay una terminología específica para hombres como él: heterogénero.

Con sentimiento, contó que los problemas parentales habían empezado antes. Lo botaron de su casa a los 14 años. Estando en situación de calle, fue recibido por dos mujeres transexuales “que me criaron como no lo hizo mi madre heterosexual”. La separación fue trágica. “Casi nunca cuento esto, pero yo vi como la violencia machista me las quito. Delante de mí las violó y las mató un hombre, solo por el poder de hacerlo, por el morbo. En el hombre todo es cochino, sucio, asqueroso”. Rummie, desde el estrado de la reunión que se celebró en Nuevo Nuevo Circo donde Divas de Venezuela se reunió con el Ministerio de la Mujer en camino hacia el Congreso Nacional de Mujeres lo especificó: “No puede ser que los llamen homosexuales, solo por tener de parejas a mujeres transexuales”.

Espinel fue funcionario del Consejo Nacional Electoral, pero hoy además de ser el relacionista público de Divas de Venezuela, trabaja por su cuenta dando talleres de informática, desarrollo personal, derechos humanos y yoga. En su testimonio recrudecen las dficultades de aceptación y reconocimiento de la diversidad sexual como una forma de desarrollo de la personalidad, donde confluyen el rechazo familiar y social, la negación de libertades públicas y la necesidad desatedida de inclusión social plena de todos los ciudadanos, como reza la Constitución, sin importar raza, religión, condición social, física, de género u orientación sexual.

Vía 6to Poder

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