Transexual Venezolana sufre drama por inyectarse biopolímeros

bio-1“Lo hice y estaba consciente que los biopolímeros le habían hecho daño a mucha gente. Tomé la decisión porque como muchas personas que tienen VIH sufrí de lipodistrofia. Poco a poco fui adelgazando, no tenía glúteos, ni cadera, estaba muy delgada. Eso cambia todo el cuerpo”. Así empezó la conversación con Lucía, nombre ficticio, ya que pidió ocultar su identidad. Recordar los 15 días “más tormentosos” que vivió a principios de 2012 no fue tarea fácil.

La conversación con La Verdad duró 20 minutos. Pero fue suficiente para entender que la obsesión por la vanidad no deja nada bueno. Lucía, que es estilista, recibió una de las peores noticias en 2005. Le cambió la vida en cuestión de segundos. En el sobre blanco estaba el resultado positivo de una enfermedad que por afectar su sistema inmunológico podía terminar con su vida: sida.

Los pacientes con VIH pueden presentar lipodistrofia a causa de los medicamentos, que es la desaparición progresiva de la grasa, también es conocida como lipoatrofia, donde se pierde la grasa en determinadas partes del cuerpo, particularmente de los brazos, las piernas, la cara y los glúteos.

Lucía, hace un año y medio, presentó lipodistrofia pero las ganas de mantener un cuerpo de mujer la convencieron de mejorar su figura con ayuda del bisturí. “Yo me sentía bien, podría decir que estaba conforme con mi cuerpo hasta que me colocaron un medicamento. Todo me quedó flaquito y no me sentía atractiva”.

La vanidad siempre fue prioridad en su vida. Verse bien y lucir atractiva eran los objetivos. Verse en el espejo y notar que la grasa de sus glúteos y caderas estaban desapareciendo, aumentaban las ganas de inyectarse. En la urbanización La Coromoto, en el municipio San Francisco, estaba la estética que una amiga le recomendó. “Me dijeron que la señora era buenísima. Y no le importaba mi condición. Ha inyectado a varias personas con sida y los productos que me ofreció eran importados”.

Al llegar a la estética, la secretaria explicó el procedimiento y pidió el pago. Cuatro mil 500 bolívares era el costo para salir con unos glúteos más grandes. Ver la caja de guantes, y el área limpia hizo que Lucía sintiera confianza. Se acostó en la camilla y la cosmetóloga, que realizó algunos cursos de estética, dibujó unas pequeñas marcas en cada glúteo por dónde iba a pinchar.

El primer pinchazo fue la anestesia, luego pasó un yelco calibre 14 y empezó a inyectar el biopolímero, que venía en un envase plástico similar al de suero. 500 cc en cada glúteo fue la cantidad de la sustancia plástica necesaria “para tenerlo perfecto”.

Lo que menos imaginó Lucía era que las complicaciones iban a comenzar horas después. Dolor, fiebre y piel enrojecida fueron los primeros síntomas. Tres días después, la complicaciones se manifestaron y las heridas se infectaron.

“Fui al Hospital Universitario, pero cuando dije que tenía sida se burlaron y los médicos se negaron a atenderme porque no tenían los insumos necesarios para atender a una persona con VIH. Con la ayuda de una Organización no Gubernamental me atendieron en el Hospital Coromoto”.

Ahora Lucía está arrepentida de la decisión que tomó para verse mejor. Aseguró que después de la operación, donde lograron sacar gran parte de la sustancia plástica que no se había encapsulado del todo, sus glúteos quedaron desfigurados. “Por inyectarme biopolímeros quedé peor de como estaba”.

En Maracaibo son muchas las personas que acuden a este tratamiento, sobre todo quienes pertenecen a la comunidad de travestís, por considerar que su acción es inmediata. A pesar de saber las consecuencias que pueden traerles a largo plazo, no piensan retroceder en su lucha por ser bellas.

 

Via:Boy4ME

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