Sobre Pelo Malo: El deseo y la pobreza

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De: GISELA KOZAK ROVERO

37214peloLa sensibilidad frente a estas diferencias marca la última película escrita y dirigida por la cineasta venezolana Mariana Rondón: Pelo malo, una producción de Sudaca Films de la mano de Marité Ugás, galardonada con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián

El tema de la pobreza es recurrente en el cine venezolano y latinoamericano; por lo tanto, no es fácil para cualquier director(a) liberarse de la tradición de la denuncia o del regodeo en la miseria e interrogar la vida del barrio desde el sentir, los valores y aspiraciones de la gente. Es decir, desde la apasionante variedad de lo humano pues el hecho de pertenecer a cierto sector social definido por nivel de ingreso, grado de instrucción, condiciones de vivienda y calidad de los servicios no significa que todas las personas de tal sector aspiran lo mismo o piensan y se comportan de la misma manera.

La sensibilidad frente a estas diferencias marca la última película escrita y dirigida por la cineasta venezolana Mariana Rondón: Pelo malo, una producción de Sudaca Films de la mano de Marité Ugás, galardonada con la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián. Junior (Samuel Lange) es un niño de nueve años que quiere alisar su cabello y vestirse como un cantante para tomarse una foto, requisito de inscripción de su escuela; se rebela contra el “destino” que se supone le es propio como varón mulato y pobre desde la única arma que tiene: su propio cuerpo.

Es verdad que su mínima rebeldía tiene que ver con la frivolidad de la cultura de masas -en especial con la música y la televisión-; pero en el hecho de no comportarse como un machito se expresa también un rasgo de autonomía que contrasta con un entorno sin esperanzas ni redención. Su madre viuda y desempleada Marta (Samantha Castillo) observa alarmada la obsesión de su hijo mayor por su “pelo malo”; la relación entre ambos se va complicando pues el afecto se ve amenazado por las insatisfacciones de Marta traducidas en la común ansiedad por la sexualidad del hijo varón, preocupación de los padres sean o no de escasos recursos.

Sería excelente que nuestros líderes políticos se tomaran el tiempo de ver esta película estupendamente escrita, producida, dirigida y actuada- y pensaran no solo en la harina de maíz y el papel higiénico sino también en la homofobia, el racismo, el machismo, la familia más allá de “mamá, papá, hijos”.

Preocupa que exigir la libertad de conciencia, pensamiento y expresión sea considerado una sifrinería de las clases medias -sin ninguna importancia al lado de una bolsa de comida o la falta de agua- y no una exigencia de todos los que como Junior desean un espacio para disentir, ser ellos mismos, expresarse públicamente y aspirar a una vida mejor con las herramientas de las que disponen. Junior es mucho más que hambre y miedo a morir asesinado, asuntos que una dictadura férrea podría resolver; la conmovedora ingenuidad e imposibilidad de sus metas evidencia que lo popular no se define solamente por la necesidad sino también por el deseo, la subjetividad y los valores, y esta comprensión sitúa a Pelo malo en un lugar de excepción en la larga historia de películas sobre los barrios que ha marcado el cine venezolano.

Vía Tal Cual

Artículo de opinión: Orbitagay no se hace responsable por conceptos y/o juicios emitidos en este y otros  artículos de opinión, los cuales, son responsabilidad de sus autores

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