Se denominan intersexuales, no hermafrodita

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Hoy es el día de la “solidaridad intersexual”. La intersexualidad, eso que tradicionalmente se denominaba incorrectamente “hermafroditismo”, es una situación que, en nuestro contexto, le sucede a un 0,018% de la población.

08/11/2012 – Gabriel J. Martín y Ángel Ramos Este porcentaje nos dice mucho si lo comparamos con el 0.012% de mujeres transexuales que existen en ese mismo contexto. Es decir: hay más personas nacidas con una intersexualidad que mujeres transexuales. Así que este desconociendo se revela aún más significativo porque significa que es algo relativamente frecuente pero muy poco visible.

Las clasificaciones médicas actuales definen 4 subtipos fundamentales de intersexualidad: 46XX, 46XY, gonadal (o “verdadera”) y la de cromosomas en mosaico:

  • 46XX: personas con cromosomas típicos femeninos que presentan en sus genitales externos diferentes grados de virilización (ej.: hiperplasias suprarrenales congénitas).
  • 46XY: personas con cromosomas típicamente masculinos que presentan en sus genitales externos diferentes grados de feminización. Hay dos subtipos fundamentales: los Síndromes de Insensibilidad a los Andrógenos y los hipospadias severos (o “subvirilización genital”). En el primer caso, el cuerpo puede estar muy feminizado y tener identidad sexual femenina a pesar de la presencia de testículos internos. En el segundo caso suele presentarse identidad sexual masculina y un cuerpo masculinizado con unos genitales que no han virilizado por completo (al modo estándar).
  • Gonadal: se encuentra tejido ovárico y testicular en la misma gónada o aparece un testículo y un ovario en la misma persona. Los genitales pueden tener diferentes morfologías.
  • Cromosomas en mosaico (cromosomas sexuales 46XXY, 46XO, etc.). Curiosamente, suele acompañarse de genitales estándares.

 

Como se aprecia, la intersexualidad tiene que ver con variaciones en los genitales. Hasta hace unas décadas se empleaba el término hermafroditismo para referirse a estas situaciones. Hace poco se popularizó DSD (Disorders in Sexual Development) aunque algunas voces prefieren el empleo de “Variations in Sexual Development”. Los diferentes tipos de intersexualidades (o DSD) se producen a causa de variaciones genéticas u hormonales, principalmente, que hacen que los genitales se sitúen en algún punto intermedio entre unos genitales típicos masculinos y unos genitales típicos femeninos. También se pueden dar casos de genitales que externamente parezcan femeninos pero que, internamente, sean masculinos, un micropene y un hipospadias severo acompañado de testículos internos, próstata y vesículas seminales estándares.

Así, por intersexualidad, entendemos aquellas situaciones donde los genitales, por sí solos, no proporcionan toda la información necesaria para afirmar, sin ningún tipo de dudas, qué sexo tiene la persona.

Históricamente la intersexualidad ha recibido un trato médico muy controvertido. Hasta hace no muchas décadas, se afirmaba que la identidad sexual provenía de la educación que recibíamos. “Si crías a un niño diciéndole que es una niña y le tratas como tal, crecerá sintiéndose niña”, afirmaban algunos. Sin embargo hoy sabemos muy bien que la identidad sexual es innata y que no se cambia con una la educación. Y este paradigma generó una terrible cantidad de sufrimiento. Porque lo habitual, hasta hace no demasiado, era feminizar los genitales y criar a los bebés intersex como niñas. La lista de problemas psicológicos a causa de las mutilaciones genitales y el número de suicidios que eso mismo provocó es –como cualquiera puede imaginar- considerable.

Afortunadamente hoy contamos con un texto consensuado por todas las asociaciones de personas intersex del mundo (excepto una organización que prefirió desvincularse) y es el protocolo de actuación que se sigue en los países civilizados (o debería). Se trata del Consensus Statment on the Management of Intersex Disorders y fue publicado por la revista científica Pediatrics en 2006. El Consensus deja claro aspectos como que “no existe evidencia alguna de que unos padres vayan a querer más a su bebé por el hecho de que éste tenga unos genitales normalizados” y establece un orden de prioridades de cara a intervenir quirúrgicamente. Lo prioritario, dice el documento, es salvar la vida del bebé. Algunos tipos de intersexualidad, como las hiperplasias suprarrenales congénitas, son capaces de ocasionar un desequilibrio salino que puede conducir a la muerte por deshidratación del bebé.

En segundo lugar, se debe preservar la funcionalidad del aparato urogenital. Si el bebé tiene los testículos alojados en las ingles en lugar de en el escroto, es posible que la temperatura abdominal dificulte su función y eso le puede afectar en el crecimiento posterior, en su densidad ósea, en la posibilidad de tener hijos, etc. Por tanto, crearle un escroto y descenderle los testículos no es algo que se haga por “normalizar sus genitales” sino para garantizar la funcionalidad de unas glándulas, los testículos, imprescindibles en el desarrollo y calidad de vida futura de ese bebé. Este punto toca con la prioridad que nos encontramos en tercer lugar según el “Consensus”: garantizar la mayor calidad de vida posible. La funcionalidad incluye el buen funcionamiento corporal (que permite una calidad de vida gracias a la salud) y también incluye la sensibilidad, que debe respetarse para que el bebé pueda tener relaciones sexuales placenteras en el futuro.

Finalmente y en último lugar, las operaciones que sólo tengan un interés estético, como acortar un clítoris, no deben realizarse hasta que, en el futuro y ya cuando el bebé sea un hombre o una mujer adulto/a, decida qué quiere hacer con su cuerpo, si es que quiere hacer algo con él para modificarlo.

Por tanto, en aplicación del Consensus, ninguna persona nacida con una intersexualidad debería sufrir innecesariamente por presiones estéticas. Todo lo contrario: el documento insiste en la necesidad de equipos multidisciplinares donde los psicólogos ayuden al bebé (o niño, o niña) a aceptar y sentirse feliz con su cuerpo, así como a sus familiares a no generarles presiones innecesarias sobre su sexualidad ni sobre sus genitales.

Vía Cascaraamarga

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