#OPINIÓN: Hay quien dice que discriminar es pensar

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

La conciencia sobre la discriminación nos propone un cambio de sujeto: el problema es quien discrimina, no quien es discriminado.

discriminacion1

Ricardo A.

Discriminar: la etimología de la palabra entronca con el latín discriminare,“separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra”. Visto así, el vocablo evoca la capacidad intelectiva nuestra de identificar por las diferencias, de clasificar cosas o personas en función de características comunes. Las personas pueden clasificarse de millones de formas diferentes, todas las que se nos ocurran.

El Diccionario de la Real Academia Española, empero, introdujo en 1970 una segunda acepción del término, más consistente con el auge de las luchas sociales: “Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de clase social, etc.”.

Pablo Gaiano y Clara Hijano, del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Argentina) van más allá, al señalar una raíz etimológica alterna de origen indoeuropeo. Según ésta, discrimen (“división”, “distinción”) se forma con dis (“aparte”, “separar”) y el indoeuropeo krei-men (“juicio”). Es decir, le quitamos el dis y queda crimen, que según ambos estudiosos deriva de la misma expresión del latín antiguo, y quiere decir “culpa”, acusación”, “decisión judicial”.

Hoy sabemos la connotación que le damos modernamente a la palabra crimen en idioma castellano.

Más peligrosa, en un sentido político, es la connotación del concepto que propone el portal WordReference.com. Aquí ya se habla de “separar, diferenciar una cosa de otra: discriminar lo verdadero de lo falso”.

Y llegados a este punto, se nos encienden las alarmas. ¿Quién entonces determina qué es verdadero y qué es falso, bajo qué criterios? Encontrar una justificación semántica a un mero acto de homofobia es el sueño húmedo de los grupos antigay, por ejemplo, que porfían en denunciar la “falsedad” del matrimonio igualitario. ¿Le suena lógico?

Separar, segregar… discriminar

De manera que es la segunda definición que aporta el DRAE la que nos plantea el problema de fondo. Hoy estamos empeñados en destacar la igualdad de derechos de todos los seres humanos sin distinción. Pero la discriminación (“separación”, “segregación”) es un fenómeno que debilita el tejido y la cohesión de las sociedades.

¿Por qué discriminamos? Los motivos para inventarnos prejuicios sobre los demás pueden ser infinitos. La idea es cumplir con el objetivo de asociar a determinado grupo social o persona con una característica considerada indeseable. Existan o no razones para ello, cierto atavismo tribal parece impulsarnos a desconfiar del Otro, de los Otros.

A un ser humano se le discrimina por cuestiones raciales, de sexo, de estamento socioeconómico, de edad, de aspecto físico, de orientación sexual, de religión, de nacionalidad, de identidad y expresión de género; por nivel de estudios, nivel de conocimientos, pertenencia a determinado club deportivo, creencia ideológica, afiliación política, gremial, preferencias musicales, vestimenta, modo de hablar, no seguir determinados patrones de la moda, discapacidad, y un larguísimo etc. Hay algunos que tienen la desgracia de caer en un buen grupo de estas categorías simultáneamente, al mismo tiempo.

Los caraqueños, por ejemplo, nos discriminamos unos a otros en función del lugar donde residimos (este vs. oeste). Usted inventa el motivo, y voilà, ya tiene otra categoría para criminalizar lo que no coincide con usted.

La psicología de la discriminación

La discriminación como fenómeno es increíblemente variada en motivos. Curioso, la psicología del por qué discriminamos pareciera ser en cambio bastante elemental. En las ciencias sociales y humanas se ha generalizado bastante la explicación del fenómeno a través de factores negativos.

Los trabajos de Steven Fein y Steven Spencer en el área de la psicología ilustran el enfoque a la perfección. Y nos dicen que cuando nos enfrentamos a un fracaso personal que amenaza nuestra autoestima, tendemos a estigmatizar a otros.

Visto así, la función de nuestros prejuicios no es otra que reparar nuestra dañada autoimagen. Hemos visto reproducido en la red que “la discriminación es la única arma que tienen los mediocres para sobresalir”.

Si hablamos de “fracaso personal”, ¿qué nos dice, por un lado, el fenómeno del alarmante descenso de los votos matrimoniales en las parejas heterosexuales en Latinoamérica? La otra cara de la moneda, irónicamente, es que son las parejas homo quienes parecen querer reivindicar la institución matrimonial. Frente al reclamo de legalizar definitivamente el matrimonio igualitario, ciertos grupos de la comunidad heterosexual no lavan, pero tampoco quieren prestar la batea…

Todos tenemos derecho a ser diferentes, y siendo diferentes tenemos los mismos derechos ante la ley. Hay una asombrosa cantidad de personas que, cuando declaran ante medios de comunicación, se oponen al matrimonio igualitario. Curiosamente se apresuran en aclarar que su intención no es perjudicar o lesionar los derechos de las personas LGBT. ¿Dónde está la coherencia?

Ser diferente no es el problema, el problema es discriminar. Y discriminar, a la luz de lo que ya sabemos, no es pensar.

Vía Fundación Reflejos de Venezuela

Comentarios:
Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compárte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •