Los gorditos gays también saben amar

gorditos

Los estereotipos, la discriminación y prejuicios están a la orden del día para quien desee tomarlos. O, mejor, para quien no busque informarse más allá de lo establecido. Rudo es cuando ese rechazo proviene de tu propio grupo de lucha.

Lesbianas que se refieren a otras como camioneras; o el caso de mujeres gays que tratan con desdén a similares porque “no pareces lesbiana”. O “muy hetero para mi gusto”. Y, fin de mundo –para muchas- si es bisexual o tiene un pasado hetero.

Igual sucede en el bando de los hombres. Hay en el imaginario que el hombre gay debe ser un joven apuesto, cuerpo escultural, muy bien arreglado y hasta imposibilitado para ciertos trabajos que impliquen esfuerzo físico. El mismísimo David salido del cincel de Miguel Ángel.

Sin caer en cuenta que la diversidad es diversa. Hay personas que sienten atracción erótico-afectiva por personas del mismo sexo que son altas, otras bajitas; tez más clara o más oscura; flaquitas unas, otras con más carnita; con dinero o sin él; jóvenes o de más edad. A ratos simpáticas, como a ratos intensas. Cultas y/o frívolas. Y, muy principalmente, con aptitudes para realizar trabajos varios.

La gama es inmensa. Sin embargo, la heteronormatividad hace su entrada y segrega. La mujer lesbiana debe ser, sentir y parecer así y la misma torta la reparte para el hombre homosexual.

¿Qué pasa con los excluidos? Con los que no encajan, los que son diferentes al patrón. Pues, entonces, el camino se hace más espinoso. Porque como diría Cabral: “no soy de aquí, ni soy de allá”.

Ya la ciencia ha estudiado esta situación y advierte que 1 de cada 3 homosexuales ha sido víctima de discriminación por su apariencia física. Ojo, no por grupos homófobicos, sino por los mismos homosexuales, indicó un trabajo publicado por la Psychology of Sexual Orientation and Gender Diversity.

Vía Sinetiquetas.org

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