Lesbianas en Venezuela comienzan a abrir la puerta del clóset

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Antes de que la actriz y modelo Patricia Velásquez hiciera público este año su orientación sexual y dijera a viva voz “soy lesbiana” ( no lo hizo dentro del territorio nacional) en Venezuela no existía un referente visible en instancias de influencia masiva que permitiera cambiar estereotipos.

No contamos en el país con mujeres declaradas lesbianas con activa presencia en espacios públicos, por citar ejemplos como Chavela Vargas en México, Celeste Carballo en Argentina o más recientemente, las ministras colombianas Cecilia Álvarez Correa y Gina Parody, quienes han contribuido a romper paradigmas en sus naciones.

Como muy bien lo resumió en su ensayo la investigadora Gisela Kozak, “el lesbianismo en Venezuela es una asunto de pocas páginas“. Lo cual no significa que sea inexistente.

La también investigadora y presidenta de la Fundación Amanecer Humano, Hanays Montaner, en diálogo con Sin Etiquetas, sostuvo que una de las razones por la cual las mujeres venezolanas han ocultado su orientación sexual tiene su raíz en el proceso colonizador.

Hanays-Montaner-Amanecer-Humano“Aunque actualmente podríamos decir que hay cierto repunte de la visibilización de la lucha de las mujeres lesbianas por sus derechos en el país, aun así es muy tímido. Existen movimiento como el que hay dentro de la Universidad Central de Venezuela (UCV), el grupo Base Lésbica, nosotras en Amanecer Humano, y otros; sin embargo, con todo y eso seguimos viendo que no hay una presencia fuerte de participación de las mujeres lesbianas en las estructuras de poder, todo esto influido por lo que ha significado ser mujer desde el enfoque patriarcal. Esto es lastimoso y a mí me da pena decir,  pero ¿cuántos registros pudiéramos tener, es decir, cuántas mujeres pianistas, músicos, políticas, se han reconocido como lesbianas? En Venezuela tenemos presuntas lesbianas como la escritora Teresa de La Parra, quien para muchos es un referente, pero que la sociedad y la historia han querido tachar ese aspecto de su vida”.

Para Montaner entender este oscurantismo pasa necesariamente por comprender los modelos inoculados socialmente desde la época colonial y por la visión eurocentrista que rigió nuestro país hasta entrado el siglo XX.

Cuando analizamos la sexualidad femenina hay que verla desde varios modelos, no solamente como mujeres lesbianas sino lo que ha significado ser mujer en el tiempo.

El primer modelo que se nos construye desde esa estructura de poder asimétrica de dominantes y dominados, es el asexuado; el cual respondía a la visión reproductora de la mujer.  “Su sexualidad  estaba subordinada al hombre y solo era ejercida a través de él. Es decir, ella solo tenía sexualidad en tanto iba a satisfacer a su marido o en tanto que se va a reproducir. En ese modelo entraban las buenas mujeres, que eran aquellas chicas casaderas y niñas de su casa”, recuenta.

Sin embargo, ese pensamiento “evolucionó” y se permitió que las mujeres tuvieran relaciones sexuales con varios hombres a lo largo de su vida, en lo que se denomina el modelo romántico. “La mujer sí podía tener relaciones varias, pero tenía que estar enamorada, pasamos de un modelo asexuado a un modelo romántico, donde todavía la mujer no respondía por sí misma al sexo, podía compartir un momento íntimo con alguien sí y solo sí estaba enamorada, y así seguía siendo catalogada como una buena mujer”, explica la especialista en Derechos Humanos.

En ese tema del modelo reproductivo y el romántico la concepción de la sexualidad era heterosexual, sostiene. Hay una negación total de que hay otras formas de amar que no se corresponden con la heteronorma.

LAS ‘MALAS MUJERES’

Posterior al modelo romántico nos encontramos con el de las sexualidades equivocadas, entraban acá las llamadas malas mujeres. ¿Quiénes eran éstas? Las prostitutas y las lesbianas. Las prostitutas porque hacían un ejercicios de su sexualidad no subordinada al hombre sino cuando ella querían de acuerdo a sus necesidades y como lo deseaban. “Y las que sí estaban bien equivocadas, que eran las más malas de todas, eran las lesbianas porque estas sí que no necesitaban al hombre”, afirma Montaner.

Finalmente, afirma, desembocamos en el modelo de la complementariedad. “Algo que me falta a mí, lo busco en el otro. No nos enseñan a amar a la otra persona como un ser íntegro, como un ser completo y sino como la mitad de algo. Esto significaría establecer relaciones en igualdad de poder y esto es lo complicado, tener que desconstruir estos modelos y permitir abrir espacio de participación a quien es visto como fuera de la norma”.

Al revisar la historia de la homosexualidad femenina se observa que muchos dibujos del siglo XV, XVI y VXII representan a la mujer lesbiana como una bruja en una escoba y con una doncella atrás, como si la estuviera raptando. En el fondo esta bruja –relata- es vista como la consorte del demonio. Se les veía como mujeres malas, hostigadoras, perversas. Así llega a Venezuela todo este estigma. Una sociedad donde la lucha femenina no se reconoce sino hasta finales del siglo XX y principios del XXI,  donde es que apenas el movimiento lésbico venezolano se hace visible.

Para la presidenta de Amanecer Humano la sociedad venezolana se tapó los ojos para no ver la realidad de que son mujeres que deciden cómo y con quien viven su sexualidad. Por el contrario ha preferido “tolerar” las manifestaciones y expresiones lésbicas con el típico cuento de que “son dos amigas que siempre están juntas” o son “unas eternas solteronas”.

¿Es difícil ser lesbiana en Venezuela?, le preguntamos a Hanays.

Sí, porque vives en una sociedad que pretende corregir tu sexualidad, gente que va a querer tener encuentros sexuales contigo para que sepas cómo es estar con un hombre y así te recuperas de tu enfermedad. Eres mucho más invisibilizada que cualquier otra mujer y, en el momento en que existe una violencia de género cómo reaccionas si tu forma de amar no está protegida legalmente y cómo te proteges ante toda esta situación. En algunas relaciones lésbicas también se copian los modelos de dominante y dominado de la heterosexualidad.

El PROBLEMA DEL CLÓSET

En su trabajo Historias y Cultura de la Diversidad Sexual la historiadora Marianela Tovar Núñez, explica que: “En Venezuela, la situación no ha sido la mejor del continente para gran parte de la población sexodiversa; además de tener que enfrentar la discriminación social, las lesbianas, transgéneros y transexuales han tenido que confrontar el predominio del liderazgo masculino”.

Páginas más adelante señala en un aparte titulado Las Lesbianas en la V República (período desde que inició el presidente Hugo Chávez) que el problema del clóset ha sido un obstáculo importante que han tenido que enfrentar las organizaciones lésbicas del país y que ha repercutido en su articulación. “Acompañado de una apatía e indiferencia generalizada de la población lésbica. La decisión de mantener en secreto y en ámbito privado su orientación sexual fuera de la norma, ha contribuido a invisibilizar aún más a las lesbianas y ha traído como consecuencia que existan muy pocas organizaciones lésbicas y que sean muy contadas las lesbianas públicas en el país. Asimismo, esta situación ha propiciado que continúe su exclusión, pues hace más difícil que se organicen políticamente paso importante para que sus demandas, sean radicales o de corte liberal, sean tomadas en cuenta e incorporadas en el discurso y en las políticas económicas, sociales, jurídicas y culturales que deben ser impulsadas por el Estado”.

HISTORIAS FUERA DEL ARMARIO

A propósito de celebrarse el próximo 26 de abril el día de la visibilidad lésbica recogemos voces de mujeres que un día decidieron vivir plenamente su sexualidad sin daños a terceros, pero principalmente, siendo honestas con ellas mismas.

UNA SOÑADORA QUE SE REFUGIA EN SU MUNDO PARALELO 

Marianella Díaz supo desde los 15 años que le atraían las mujeres y que no era algo pasajero. Su reconfirmación le vino a través de los poemas de Safo, esos que leía en el bachillerato. Desde entonces se asumió como tal. Al principio, como el común de las historias, no fue fácil cuando la familia comenzó a sospechar, sin embargo, gracias al sabio consejo de una tía todo cambió: “No es que yo esté de acuerdo con tu tendencia, pero tú eres mi sobrina y yo te quiero por lo que eres”. En ese momento, cuenta, “yo tenía 16 años y tomé consciencia que tu entorno te va a respetar por lo que eres, independientemente, de tu orientación sexual”.

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Es una morena clara de imponente figura, mide 1.80 metros de estatura, cabellos lisos y mirada profunda. Vive en la ciudad de Caracas, es diseñadora de espacios interiores y empresaria. Trabajadora incansable, amiga de sus amigos y hasta de sus exparejas, considera desde su experiencia que ha vivido su homosexualidad libremente en Venezuela.

“Solo en una oportunidad estando en un autocinema dándome unos besos con mi pareja unos policías llegaron y hasta pensé que nos llevarían presas, luego nos dieron la charla de moral y las buenas costumbres, y ya”. Cuento que no le echaron, por cierto, a una pareja heterosexual que estaba en las mismas unos carros más adelante.

Sin embargo, este episodio no la ha cohibido al momento de expresar su afecto públicamente a quien ocupe su corazón: “Si estoy en la calle, en la playa, en un centro comercial y me provoca agarrarle la mano, se la agarro. O si vamos en el carro, hay una cola (trancón) y me provoca besarla, lo hago. Sin importarme que los de al lado murmuren o hablen. Que su imaginación vuele, si así lo desean”.

Y agrega: “Hablo por mí, no he tenido problemas, he dejado que las cosas fluyan, no me he puesto paredes. Creo que todo es cuestión de visibilidad, desde un principio no tuve conflicto en asumir mi tendencia sexual, lo he tomado con mucha naturalidad y así lo he vivido”.

Esta mujer de caminar cadencioso y siempre perfumada no presume de su belleza. Al contrario, afirma que los halagos en lugar de inflar su ego son bien recibidos, pero con un tanto de timidez.

En cuanto a su vida amorosa, por los momentos se toma un respiro para sí misma. Ha sido de relaciones largas y hasta en una oportunidad contrajo matrimonio a la edad de 19 o 20 años, no lo recuerda muy bien: “No me preguntes por fechas, soy malísima para registrarlas”. Se casó en la Colonia Tovar (poblado cercano a Caracas) en una boda simbólica con una chica con la que vivió unos 11 años. Aún hoy conserva en su pulgar derecho su anillo de boda y la amistad de su exesposa.

“Por supuesto, me gustaría casarme legalmente y poder gozar de todos los derechos que protegen a las parejas hetero. Ojalá sea una realidad pronto  en Venezuela”.
No tiene una imagen de chica ideal y sus exparejas no se corresponden a un estereotipo  único. Sin embargo, le atrae una mujer segura de sí misma, con humor, sensible, que le guste la aventura y poseedora de cierta picardía. Huye de las mujeres gritonas y peleonas. “Crecí en un hogar donde nos expresábamos constantemente amor. Por eso no tolero los escándalos”, dice esta mujer con raíces cubanas y margariteñas.

Su consejo para aquellas chicas que no terminan de dar el paso y salir del armario: “Es importante sentirte bien con lo que eres, como persona, con tu sexualidad. En la medida que estés encajonado no vas a terminar de ser libre ni feliz, para tú vivir tu absoluta libertad y felicidad tienes que aceptarte tal cual y como eres”.

INTERNET LAS CONECTÓ

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Keiny Rivas y Gabriela Flores tienen dos años y ocho meses de relación. La primera estudia Ciencias Audiovisuales y Fotografía, además trabaja en cine en Caracas y la segunda Ingeniería en Informática y vive a una hora y media de distancia de la capital venezolana. Su primer contacto se dio a través de la red social Facebook. Así comenzaron a entablar una amistad virtual que se mantuvo por espacio de tres meses. Luego de conocerse pasarían otros tres meses más para decidirse a dar el siguiente paso.

Hoy las une entre otras aficiones, el amor por el séptimo arte, los superhéroes, los animales, el teatro, viajar y explorar nuevos sitios. Además de las ganas de tener hijos, pero para garantizarles protección legal a sus pequeños están pensando en irse a vivir a Argentina, como primera opción. En vista de que en Venezuela no son reconocidas legalmente las familias homoparentales.

Para Keiny no fue nada fácil reconocerse como mujer lesbiana. Creció en un hogar con fuerte presencia religiosa. Ella mira hacia atrás y cuenta que por mucho tiempo estuvo en contra de las prácticas homosexuales: “Todo lo que sentía iba en contra de lo que me habían enseñado, en mi adolescencia sufrí mucho escondiéndome”-

Hasta que a los 18 años conoció a alguien que le indicó el camino. “Decidí como dicen por ahí salir del clóset. Anteriormente había tenido novios, yo ni sabía que la homosexualidad existía estudie en un colegio adventista, siempre con una vida religiosa en el hogar. En cuarto año de bachillerato estudié con un chico que le gustaban los jóvenes, pero para mí era impensable que entre dos mujeres pudiera existir algo. Me decía a mí misma que no me gustaban las mujeres, aunque me enamoré muchas veces en el liceo de mis amigas, pero siempre callándolo porque era pecado. Cuando al fin admití que me gustaba una chica de la universidad fue muy difícil”.

Así llegó su primera ilusión lésbica. “Una chica en la universidad es lesbiana, ella era muy atenta conmigo y fue la primera mujer que besé. Me robó un beso. Con ella sentí cosas que jamás había sentido. Fue algo totalmente distinto y maravilloso, me di cuenta que me gustaban las mujeres y que esto era lo que quería para mí”.

Sin embargo, no ha sido fácil para ella vivir plenamente su sexualidad a la luz pública producto del rechazo que esto genera en la sociedad; “Hemos sido víctimas de agresiones verbales y burlas, por eso, preferimos no expresarnos en la calle tanto como lo desearíamos. Siempre hay gente que te insinúa cosas, te ofrecen tríos o cosas peores. Ignoramos todos esos comentarios pero preferimos no exponernos a una agresión mayor”.

Hasta conseguir habitación de hotel es complicado. “En muchos sitios nos la niegan por el hecho de ser dos mujeres”. Sin embargo, y contracorriente ha decidido vivir su sexualidad a su manera. “Ahora es mi turno de ser feliz con quien amo”, puntualiza Keiny Rivas, quien también es activista en la lucha por las reivindicaciones legales, igualdad de derechos y la no discriminación a través de la organización Venezuela Igualitaria.

Sin duda, las lesbianas en Venezuela han comenzado a abrir la puerta del clóset. El camino será largo, pero hay buenas señales.

Este trabajo está incluido en el texto Historias y Cultura de la Diversidad Sexual compilado por Rodrigo Navarrete. Monte Ávila Editores 2014.

Vía Sinetiqueta.org

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