La revolución chavista no quiere ser homosexual

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El Instituto Nacional de Estadística venezolano registró en el censo de 2011 cuántos hogares conformados por parejas del mismo sexo existen en el país. Ahora dice que no puede publicar la información detallada porque la cifra no es “significativa”.

Por Juan Carlos Figueroa (*)

Lea con cuidado, la frase textual dice así: “Los datos arrojados no fueron lo suficientemente significativos para generar estadísticamente cifras”. De toda la oración, es ese “significativos” lo que perturba al movimiento de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Lgbt) en Venezuela. Acá la explicación.

La organización Unión Afirmativa de Venezuela (Unaf) pidió en 2010 al Instituto Nacional de Estadística (INE) que contara cuántos hogares en el país están conformados por parejas del mismo sexo. Y, contra todo pronóstico, el INE aceptó. Para el censo nacional de población y vivienda que se realizó en 2011, el instituto decidió eliminar una “regla de validación” que se había aplicado hasta el censo del 2001. Esta norma anulaba el registro de aquellos hogares donde los jefes de familia declararan ser del mismo sexo. Para efectos del análisis, se trataba de una “inconsistencia en los datos”.

Para esta nueva edición del censo, se eliminaría la regla pero no se incluiría ninguna pregunta sobre la orientación sexual de los censados. Así, pues, solo contabilizaría a aquellos jefes de familia que, cuando el funcionario les preguntara sobre su compañero o compañera, manifestaran claramente que se trataba de una persona del mismo sexo. Por eso, Unaf hizo una segunda petición al INE en 2011: que explicara con detalles todo el procedimiento para minimizar el error en las cuentas y motivar la participación de las parejas homosexuales.

“Los datos arrojados no fueron lo suficientemente significativos…”.

Frank Ortega, subcoordinador nacional del censo, explicó al diario El Tiempo de Puerto La Cruz (publicación del 19 de julio de 2011) que esta “regla de validación” fue eliminada para cumplir con lo suscrito por “el Estado venezolano en varios tratados internacionales, que lo compromete a luchar contra todo tipo de discriminación”. Son al menos siete acuerdos en este sentido. Sin embargo, a pesar de la disposición inicial, el INE excluyó de toda la promoción que hizo del censo en los medios de comunicación esta novedosa medida.

Unaf y las demás ONG resolvieron como pudieron. Twitter y Facebook ayudaron para convencer a muchos dentro de la propia comunidad Lgbt, que hasta dudaron de la veracidad de la información porque no aparecía en los grandes medios. “¡Yo me registro con mi pareja en el censo!”, se llamó una tímida campaña en las redes. Y así, el 1 de septiembre de 2011 llegó el censo, y así comenzaron a contarse.

Tres meses después, comenzó la segunda parte de la historia: exigir la publicación de los registros. Durante las primeras ruedas de prensa, los voceros del INE aseguraron que solo contaban con datos generales, que pronto estarían listas las cifras específicas del empadronamiento. Repitieron lo mismo varias veces, hasta la rueda de prensa del 8 de agosto de 2012. Ese día, el encuentro con los medios fue presidido por el presidente del Instituto, Elías Eljuri, pero fue de nuevo Frank Ortega (sub coordinador), quien lanzó el dato: “En Venezuela hay entre 4 mil y 6 mil parejas del mismo sexo jefes de familia”.

Sobre lo impreciso la información, Ortega se excusó al decir que todavía estaban en “proceso de asesoría para llegar al dato más correcto”. La rueda de prensa fue reseñada por varios medios, entre ellos El Mundo Economía & Negocios.

“No fueron lo suficientemente significativos…”.

En el movimiento Lgbt celebraron. José Ramón Merentes, vocero de Unaf, resaltó entonces que, aunque solo lograron registrarse las parejas que vencieron el temor y la desinformación, el número era el primer dato oficial en Venezuela sobre las parejas del mismo sexo. “Esto nos permite decir con propiedad: ‘Aquí estamos, sí existimos y sí necesitamos nuestros derechos”, publicó a través de una nota de prensa. Existían y lo habían hecho oficial por primera vez.

Ellos celebraron pero insistieron. Pidieron una y otra vez la publicación de la cifra definitiva. La excusa fue la misma, siempre. Los datos finales del censo, todos, se terminaron de publicar en la web del INE en mayo de 2014, casi tres años después. No obstante, en ninguna parte aparecen las parejas del mismo sexo. Ni los “4 mil y 6 mil”.

Unaf se comunicó varias veces con la Gerencia de Estadísticas Demográficas del INE en los últimos meses. El 29 de septiembre pasado, representantes de la ONG se reunieron en persona con Nestor Cegarra, director de esta oficina del INE. Les dijo que había algunas “inconsistencias” en la data que no permitían totalizar la información. Hace unos días, el 22 de diciembre, llegó un correo electrónico con la respuesta oficial para la organización, ahora sí, definitiva:

“Le saludamos muy cordialmente, en la ocasión de informarle que su solicitud fue consultada con la Gerencia Demográfica, la cual nos informó que en el Censo 2011 efectivamente sí se trató de incluir las familias conformadas con personas del mismo sexo, mas los datos arrojados no fueron lo suficientemente significativos para generar estadísticamente cifras”.

No fueron lo suficientemente significativos. Fueron insignificantes.

¿Pero por qué? ¿Porque eran “solo” entre 4 mil y 6 mil parejas? Las mismas 4 mil  y 6 mil parejas le habían permitido a Merentes y a los suyos declarar “aquí estamos, sí existimos”. ¿Qué pasa ahora con esta declaración de existencia? ¿No fueron significativos porque acaso eran menos de 4 mil? ¿Importa que sean menos? ¿Cuántos hubieran sido suficientes?

20 mil 940 firmas reposan junto al proyecto de matrimonio igualitario en las gavetas de la Asamblea Nacional de Venezuela. El artículo 204 (numeral 4) de la Constitución dice que se necesitan cerca de 19 mil 100 firmas para obligar a los diputados a discutir un proyecto presentado por “iniciativa popular”. El plazo para discutir el plan del matrimonio igualitario venció en diciembre y los diputados no dijeron nada. ¿No eran suficientes tantas firmas?

200 personas, como mínimo, fue la condición que colocó la última vez la directiva del Parlamento venezolano para aceptar conversar con las organizaciones Lgbt. El encuentro se celebró el 18 de septiembre de 2011, en el Museo Boliviano (centro de Caracas), y la presidió el diputado oficialista Fernando Soto Rojas, entonces presidente de la Asamblea. Estuvo a punto de no reunirse porque el movimiento logró juntar solo a un poco más de 60 personas para ir a la cita. ¿No estaba bien solo 60? El legislador aceptó al final reunirse gracias a la mediación de Giniveth Soto, su asistente y sobrina. La misma madre lesbiana que fue asesinada el pasado 14 de diciembre y dejó en el limbo jurídico a su esposa y a su hijo.

 

20 personas fueron asesinadas en Venezuela entre enero de 2013 y marzo de 2014 por su orientación sexual o identidad de género, de acuerdo con el estudio “Una mirada a la violencia contra personas Lgbti” publicado el pasado 17 de diciembre por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh). La Comisión exigió en el informe a los Estados americanos tomar medidas urgentes frente a este tipo de violaciones de derechos humanos y les instó, precisamente, a que establezcan mecanismos para recopilar datos sobre la situación de las personas Lgbt. ¿Todo esto tendría mayor significado si fueran cien, mil, 4 mil, 6 mil y no 20?

En serio, ¿ya no es como mucho que un niño, uno solo, haya quedado sin madre y sin protección legal porque el Estado venezolano se negó a reconocer el matrimonio entre Giniveth Soto y su esposa? ¿No es ya demasiado?

No es un problema de números, pero sí del significado que se les da. Es un problema de voluntad, en el INE, en la Asamblea, en el Estado venezolano. Un problema de voluntad para cumplir esa promesa de igualdad que tiene más de 15 años ofreciendo la revolución chavista, que dice ser bonita, que dice ser socialista y bolivariana, pero que no quiere ser llamada todavía homosexual, lesbiana, transexual.

¿Cuánto será suficiente? ¿Cuándo?

 (*)  Periodista egresado de la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado para los diarios venezolanos El Nacional, El Tiempo, Últimas Noticias y El Mundo Economía & Negocios. También ha colaborado para las revistas Zeta (Venezuela), Marcapasos (Venezuela) y Diario Las Américas (Estados Unidos). Es estudiante de la maestría en Comunicación y Derechos Humanos de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina).

 

Vía Sinetiquetas

 

 

Artículo de opinión: Orbitagay no se hace responsable por conceptos y/o juicios emitidos en este y otros artículos de opinión, los cuales, son responsabilidad de sus autores

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