La prostitución masculina, un oficio en auge

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Mucho se ha dicho sobre la prostitución femenina, pero poco se habla de un tema tan candente como el oficio del sexo entre hombres. A diferencia de la mujer, el prostituto o chapero, como se le conoce coloquialmente dentro de la comunidad gay, no suele “ejercer la calle”, sino que anuncia sus servicios a traves de diferentes medios, con Internet como vía preferente. El relativo anonimato que les ofrece la red ha hecho que este negocio prolifere entre los jóvenes, que cada vez más, venden sus servicios sexuales para conseguir un extra de dinero en tiempos de crisis.

El propósito de la prostitución sigue siendo el mismo, sexo a cambio de dinero. Pero la prostitución masculina, a diferencia de la ejercida por las mujeres, se distingue por distintos patrones; dos de los más importantes son la autonomía y hacer de este oficio un ingreso extra.

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Así, a diferencia de la mujer, el hombre trabaja solo, sin proxeneta y sin intermediarios. Normalmente ofrece sus servicios mediante páginas web o aplicaciones, y se mueve a los domicilios o atiende a sus clientes en casa. Una fórmula más segura que la que inspira trabajar en calles solitarias y de noche, pero que tampoco le garantiza no encontrarse con sorpresas desagradables.Otros, además, buscan su clientela en saunas o locales nocturnos, pero son pocos los que lo hacen en calles, baños de centros comerciales o parques.

Dentro de la prostitución masculina, siempre cabe diferenciar entre escorty chaperos; mientras los primeros son más propios de las mujeres y se prestan como acompañantes sociales, los chaperos o prostitutos de hombres suelen desempeñar en su mayoría un servicio sexual más que de acompañamiento.

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Otra cosa distinta sería el tipo de relaciones que se basan en recibir una contraprestación, es decir, uno le hace regalos a otro a cambio de ciertos servicios. En este caso, no sabemos si llamarlo prostitución propiamente dicha, aunque a mi parecer la prostitución se da a tantos niveles y de tantas formas que podríamos considerar que todos nos hemos prostituido en alguna ocasión, de un modo u otro.

Son muy raros, aunque por supuesto existen, los episodios en los que una mujer contrata a un hombre para un contacto sexual rápido buscando, por ejemplo, sexo oral o un coito exprés. Más bien, las mujeres parecen preferir el juego de pretensiones y un prostituto estable, si las satisface, podrá ser su compañero por un buen lapso de tiempo a cambio de ciertas compensaciones. El hombre que contrata prostitutos, sin embargo, prefiere algo que no le cree compromisos con su amante esporádico, y a ser posible que no le vincule a su entorno, sexo rápido, morboso y sin sentimientos, siempre que esto sea posible.

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Otro factor a tener en cuenta es que, en vista de que la prostitución masculina es un mercado mayoritariamente de hombres, nos encontraremos a chaperos que son heterosexuales y tan solo mantienen relaciones sexuales con otros hombres por dinero, un caso que prácticamente no existe dentro de la prostitución femenina.

Dentro de los estudios consultados también se hace referencia a la relación entre prostitución masculina y el consumo de estupefacientes, a un nivel relativamente inferior que el que se da en la prostitución femenina.

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La prostitución masculina no es exclusivamente el resultado de la pobreza o de la necesidad, sobre todo en países desarrollados como España. De hecho, un gran porcentaje de prostitutos está enmarcado dentro de condiciones socioeconómicas solventes, viven por encima de la media y pueden permitirse mejores casas, mejor ropa, viajes, etc.

Este oficio, tan respetable como cualquier otro, está en auge entre los jóvenes españoles. Muchos conocemos a algún amigo o conocido cercano que la ejerce, algo que cada vez vemos con más normalidad.

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Muchos expertos creen que esta tendencia es causa directa de la crisis económica. Ante la imposibilidad de encontrar trabajos solventes que le sitúen en un nivel de vida deseado, el joven ve la prostitución como una vía fácil para sacarse unos ingresos extras. Una tendencia que al principio estaba más reservada a extranjeros sin papeles, que no pudiendo trabajar legalmente hacían de este oficio su ‘trampolín’ para quedarse en España, pero que ahora, y cada vez más, está siendo ocupado por jóvenes españoles provenientes de familias pudientes y que nunca han estado en riesgo de pobreza.

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Una ocupación que, según los expertos, resulta difícil de abandonar, puesto que supone un estatus económico difícil de encontrar en el mercado laboral actual. A eso hay que sumar que es un trabajo exento de impuestos, de horarios y con gran flexibilidad. Un caramelo muy goloso que algunos no han podido evitar.

 

Vía Shangay

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