La primera dama de Puerto Rico no cree en el matrimonio gay

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crop_wilma3Para llegar a la habitación donde se realizarían los cambios de ropa para la sesión de fotos con la primera dama Wilma Pastrana hay que atravesar primero el patio interior de La Fortaleza, en el que, en una esquina, están las bicicletas y los carritos de los niños que hoy la habitan. Hay que pasar por la entrada que baja al calabozo, por los amplios pasillos de barandas blancas con azulejos de colores y cruzar habitaciones de pisos de losetas negras y blancas con ventanas que miran al mar. Sobre una cama alta de pilares, en el llamado Cuarto de la Reina se encuentran ya las opciones de vestidos y conjuntos. Meseros traen agua y jugos. Hace calor pero no falta brisa.

–Me pongo lo que ustedes me digan–, dice la primera dama al llegar luego de atender una entrevista con un canal de televisión desde su oficina, ubicada un piso más abajo, cerca de los jardines de la mansión ejecutiva.

Tiene una mirada serena, contenida. Es una mujer guapa, elegante, de ojos conversadores. Se nota a leguas que es una disciplinada y que tiene claro lo que conlleva su rol como esposa del gobernador Alejandro García Padilla.

Él entra al cuarto y la llena de elogios, busca conversación. Confiesa que, aunque le encanta la vista al mar, es un hombre de campo que prefiere los caballos, bromea con eso de que ella es de la losa y él del monte. Está pendiente a todo lo que tiene que ver con ella, que no se desconcentra ante su presencia.

Corre la sesión de fotos, subimos y bajamos las escaleras de la mansión y él de vez en cuando reaparece. Quiere saber si ya ha pasado la entrevista y cómo va corriendo todo.

-Si te sigues poniendo así van a decir que qué hace esa muchacha tan linda con este cafre, bromea una vez más el gobernador, que atraviesa uno de los salones y se muestra dispuesto a ayudar arreglando el lazo del vestido.

–Yo no tengo ensayo poniéndolos–, dice, y se pone rojo como pava ganadora en día de elecciones.

Ella sonríe, pero con discresión. Cumple con la sesión sin lucir cansada y sin exigencias. Se deja llevar. No es una mujer estridente. Sasha Pomales y Magaly López son sus amigas y hoy sus ayudantes especiales, parte de su equipo de trabajo que suma seis personas en su oficina.

La describen como una mujer calmada, de una serenidad total, que es madre ante todo y con una paciencia y una calma que a veces no saben de dónde viene. Cuentan que diariamente visita la capilla del Palacio de Santa Catalina, un pequeño centro de oración en cuyas paredes se lee: “La sangre de Cristo nos une y limpia de todo pecado”.

Una de sus ayudantes cuenta que el día de las elecciones fue la propia Wilma Pastrana quien les envió un mensaje alentador justo en el momento en que se cerraron los colegios electorales y comenzó a correr el rumor de que el exgobernador Luis Fortuño revalidaría.

“Tenemos ambos prioridades muy claras y muy similares pero somos muy distintos. Ella es muy organizada en el hogar, en su oficina es muy disciplinada. Yo pues soy más digamos, flexible, en el proceder. Wilma es siempre un recinto de tranquilidad para mí, es a dónde yo acudo cuando quiero encontrar un poco de paz. Me da mucha tranquilidad y mucha confianza. Por ejemplo, la campaña en contra de nosotros como pareja fue muy sucia, y ella se mantuvo firme, nunca cedió, fue muy fuerte en todo momento”, afirma García Padilla.

Sin embargo, son esos elementos de su carácter, su serenidad y su discreción, los mismos que fueron interpretados durante la campaña política como el perfil de una mujer sumisa y callada, una compañera sin una voz propia. Esas nociones se afianzaron cuando tras la mudanza a La Fortaleza, lo poco que el público escuchó de Pastrana fueron comentarios relacionados al universo del hogar y no a temas vinculados al Gobierno directamente.

Pero horas después de una agotadora sesión de fotos, Pastrana nos recibió en su oficina, cuya ventana mira al huerto casero de La Fortaleza –que ya está grande y lleno de tomates, pimientos, albahaca y lechugas–, y habló sin reparos de cómo ve la política, de cómo fue su crianza, de su relación con el gobernador y de lo que considera debe ser su rol como primera dama y habitante de un palacio que reconoce como un museo, donde recoge lechugas del huerto de vez en cuando para el almuerzo y donde cría a sus hijos Ana Patricia (10), Juan Pablo (9) y Diego (5).

De Río Piedras al Viejo San Juan

Nació y creció en la calle Los Robles #14 en la urbanización La Cumbre en Río Piedras. Es la menor de dos hermanos. Su padre era contador, como ella, y su madre, ama de casa. De su niñez, que describe como muy sana, recuerda el mucho tiempo que compartía con sus 24 primos por parte de madre los fines de semana, en la casa de campo de Comerío que compartían entre varios miembros de la familia y el apartamento de playa en Cerro Gordo que se compró entre varios familiares y en el que pasaba los veranos con sus primos.

“En mi época no había nada de eso de campamentos de veranos. Era estar en casa con mami, ayudándola a lavar ventanas, a poner al día la casa. Mi mamá tenía trajes de cuando era joven y mis primas y yo nos vestíamos y hacíamos desfiles. Nos entreteníamos con cualquier cosa, jugábamos baloncesto, voleibol, juegos de mesa. A mi hermano, como me llevaba cuatro años, lo dejaban salir a la cancha de la urbanización pero a mí no, porque yo era nena y todos mis vecinos eran varones. Me criaron bien de la casa. Los domingos íbamos a misa y a casa de mis abuelos paternos a almorzar”, recuerda convencida de que no entiende eso del aburrimiento en los niños hoy día. “Si tú estás aburrido coge una escoba y ponte a barrer, resuelto el problema”.

Con los años creció, estudió contabilidad y trabajó en la empresa privada. García Padilla y la política llegaron después.

¿Siempre fue popular?

Diría que sí, desde que tengo uso de razón soy popular. En mi casa mi papá era de un partido y mi mamá de otro. No me crié en un ambiente político. Solo se hablaba de política en las elecciones para evitar roces. Nunca fui una persona política. Emitía mi voto y ya. Nunca fui militante de joven como quizás lo fue Alejandro.

Usted no escogió este camino en la política, llegó a él por su esposo. ¿Cómo lo ha manejado?

No es como uno se lo imaginó y definitivamente consume más tiempo del que pensé, pero yo creo que uno tiene que tener la actitud de adaptarse a todo. Sabía que si iba a estar con Alejandro eso implicaba unos compromisos. Ha sido bien gratificante en términos de que uno tiene el poder de cambiar cosas, uno tiene el poder para hacer mucho bien y yo quiero utilizarlo al máximo.

El político es una figura muy polarizante en términos de la opinión pública: o lo amas o lo odias. ¿Cambió su perspectiva sobre el mundo de la política al entrar a él?

Yo veo la política como una vía para lograr unas metas, es un instrumento para que el Gobierno haga proyectos en favor de la ciudadanía. Quien utiliza bien la política va a gobernar bien, quien lo haga mal no le hará bien a los ciudadanos. Muchas veces lo vemos como algo malo, pero la política es necesaria porque a través de ella se busca la justicia social, la igualdad, los cambios sociales.

¿Es usted tan serena como se le percibe?

Esa soy yo. Tú sabes, durante la campaña te dan tips de cómo hacer entrevistas y cómo dirigirte al público pero no puedo ser lo que no soy porque entonces estaría actuando para la televisión. Quiero que me conozcan como soy, bien pacífica y tranquila. Claro que de vez en cuando tengo rush y ajetreos con los niños pero soy así.

Cada primera dama le ha impartido su personalidad al rol, doña Inés Mendoza por ejemplo es recordada por sus proyectos personales, Luisa “Piti” Gándara hoy día ha entrado en la política, Lucé Vela mantuvo su práctica profesional. ¿Cómo se visualiza usted?

Todas hicieron un magnífico trabajo. Hasta que uno no llega aquí uno no se da cuenta de todo lo que hace la primera dama. Hay muchas cosas que pueden ser tu prioridad pero te tienes que concentrar en algunos proyectos porque no te va a dar el tiempo. Me veo como una primera dama activa, estando entre la gente, con los niños, llevando los huertos a las escuelas, promoviendo la actividad física. Quiero servir para que vean que el Gobierno es una mano amiga, que no piensen que está para restringir y quitar derechos, sino que busca la igualdad.

¿Cuál es au modelo a seguir?

Me gusta mucho doña Inés, que tuvo mucho carácter, mucha fuerza. Se dedicó a la educación y brilló con luz propia. Tenía sus proyectos aparte de los de Muñoz Marín y tuvo un impacto social.

Ha decidido prestar particular atención al tema de la obesidad infantil. ¿Por qué esta causa?

El porciento de niños con obesidad es alarmante, en niños de 0 a 5 años es de un 20% y 45 de cada 100 niños no tiene un peso adecuado, es una señal de que tenemos un problema de salud grandísimo. Hay que dejar de ser reaccionario y convertirnos en más preventivos. Los niños son mi principal enfoque en este momento.

Usted decidió conservar en cierta medida su práctica profesional, algo por lo que, al igual que Lucé Vela, sucitó críticas. ¿Qué responde a ellas?

Tengo el mismo cliente que tengo desde el 2010, son 50 horas al mes que casi nunca completo por lo que lo que facturo es muy poquito. Lo hago para mantenerme activa en mi práctica y porque son tres niños en colegio privado, que tienen muchos gastos.

Los gobernantes que han sido electos son personas pudientes que tenían recursos económicos y venían de familias en las que las esposas antes no trabajaban y se dedicaban a la Oficina de la Primera Dama. Con Lucé eso cambió. Ella es una profesional como cualquier otra y decidió seguir ejerciendo, no estaba obligada a trabajar en la Oficina de la Primera Dama y eso se lo respeto. Lo que pasa es que cuando uno acepta un cargo como este en el que uno apoya a su esposo para el puesto de gobernador, uno acepta la responsabilidad ciudadana de servirle al pueblo también. Y eso tal vez fue lo que el pueblo resintió, porque estamos en tiempos de crisis y a lo mejor quisieron estar más en contacto con ella y no pudieron. Yo sigo trabajando unas horas mensuales, pero mi prioridad es esta oficina.

¿Se permitiría diferir de su esposo en asuntos públicos?

Sí, podría tener alguna opinión diferente. Tenemos esa comodidad como pareja pero es bien curioso porque cuando nos conocimos y empezamos a salir y a compartir para conocernos más íntimamente una de las cosas que más me gustó de Alejandro es que en todo pensábamos casi igual. En términos de la familia, de cómo iba a ser el matrimonio, de si no podíamos tener hijos pues adoptar, de la religiosidad, en el tiempo que le dedicamos a nuestras familias. A mí me criaron católica, apostólica y romana y le dije yo voy los domingos a misa y me gustaría que tú me acompañaras y él me dijo que no tenía problemas con eso porque él era igual. Nuestros valores son muy similares y hasta ahora no hemos tenido grandes diferencias.

Como primera dama es un vocero de la mujer puertorriqueña. ¿Considera que hay igualdad social para la mujer?

Hay un camino por recorrer. En Puerto Rico no hay igual paga por igual trabajo, hay pocas mujeres CEO en compañías estando tan capacitadas como los hombres. Si tienen familia, de pronto dejan de subir en las empresas. Es algo que yo viví en una compañía en la que trabajé. Hay que buscar que sea más equitativo sobre todo hoy día, que se gradúan más mujeres que hombres. La equidad también está en que el hombre tome roles dentro del hogar. Si ambos trabajan, ambos deben asumir las tareas domésticas. A nadie se le cae un brazo por lavar la ropa o mapear. Hemos logrado grandes cosas, más libertades pero sigo opinando que la mujer es el bastión del hogar y tiene que haber un balance entre trabajo y familia.

¿Se considera feminista?

Feminismo es una palabra muy fuerte para mí. Yo me considero que, dentro de lo tradicional, soy liberal. En casa Alejandro siempre me ayudó aún viniendo de un hogar matriarcal en el que la mamá le hacía todo a sus hijos. Él coopera en todo, hasta cocinando aunque nunca cogió una olla de niño. En ese sentido yo encuentro el feminismo un movimiento que a veces nos lleva a querer más libertades, pero más libertades para qué. Yo creo que tenemos que buscar la igualdad, no ser ni más ni mejor que los hombres, sino un punto medio para echar hacia adelante un hogar.

¿Cuál es su postura sobre temas controversiales como el aborto y el matrimonio gay?

Estoy en contra del aborto, uno atenta contra la vida de un ser humano. Y en cuanto al matrimonio gay pienso que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Creo en darles derechos a las parejas homosexuales, al igual que a los heterosexuales que deciden no casarse. Para mí es una cuestión de derechos pero el matrimonio como lo contempla la Iglesia, y eso es un término religioso, creo que debe ser entre un hombre y una mujer.

¿Qué fue lo más duro de la campaña?

Los ataques personalistas sobre todo contra la figura de Alejandro, todo el tiempo se inventaban cosas sobre él. Obviamente ellos tenían mucho más dinero que nosotros y podían pautar más anuncios, así que los ataques a su personalidad eran constantes, que si no tenía inteligencia, que si no tenía carácter y uno ahí aguantando, conociendo a la persona y sabiendo que es injusto porque lo que la gente ve en la televisión la gente lo cree. En ese sentido fue bien duro.

Durante el principio de su matrimonio vivieron una separación, ¿qué le aconseja a las parejas que estén viviendo lo mismo?

Hay que luchar por lo que uno quiere, por la familia. Un guía espiritual nos dijo una vez que el mejor matrimonio es el que tú tienes, no hay otro. Claro, siempre y cuando no haya maltrato. La vida tiene altas y bajas, no todo es perfecto pero hay que perseverar y trabajar en la relación. Esto es una convivencia y hay que considerarse y siempre buscar la manera de seguirle gustando a esa otra persona.

¿Dejó algún sueño propio en pausa por seguir los pasos de su esposo?

Mi sueño personal es lo que estoy haciendo, es algo que me llena como persona.

Fuente Nuevo día

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