'La burbuja', su juventud y sexualidad, masculina y femenina, 'homo' y 'hetero'

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La última película de Fox se diría destinada a incomodar al público israelí más conservador, criticando el racismo y la cínica indiferencia de muchos de sus coetáneos.

 

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08/02/2013 – Eduardo Nabal Que el cine de Eytan Fox se caracteriza por su envolvente forma de ganarse al espectador a través del lirismo, la ternura y un amor desbordante hacia sus personajes se hace de nuevo patente en su último trabajo “The Bubble”, su tercer largometraje y su apuesta más arriesgada hasta la fecha, aunque mantenga una clara continuidad temática y estilística con sus dos anteriores filmes. Incluso los personajes más negativos de sus películas (como el Joel-comandante de “Yossi & Jagger”, los agentes de la Mossad de “Caminar sobre las aguas” o el agrio cuñado -miembro de Hamás- del protagonista palestino de “The Bubble”) nos resultan increíblemente humanos y nos son mostrados en su cotidianidad, por grotesca y destructiva que ésta pueda llegar a ser.

En “The Bubble” Fox da un paso adelante y se implica de lleno en un tema que sólo aparecía de forma tangencial en sus dos anteriores filmes: el conflicto bélico y sociopolítico que sacude su país, mostrado con mayor crudeza y realismo, aunque el punto de vista privilegiado en el filme siga siendo el de los jóvenes hebreos sorprendidos por aquello a lo que quieren y ya no pueden dar la espalda. La última película de Fox se diría destinada a incomodar al público israelí más conservador -criticando el racismo y la cínica indiferencia de muchos de sus coetáneos- y a no satisfacer del todo a los defensores más estrictos de la causa palestina. Aunque su fuerza dramática, su mezcla de comedia y drama, su lirismo, humanidad, agilidad narrativa y su reivindicación sociosexual pueden convertirla en un gran éxito para el público internacional.

“The Bubble” se abre y se cierra con dos secuencias terribles tratadas de diferente forma: en la primera, sangrienta, mostrada con toda su crudeza y rodada con un impactante realismo es la de una mujer árabe parturienta retenida en un puesto de control con trágicas consecuencias; la última, un atentado suicida, está dada con dolor pero también con un toque romántico y cargado de poesía. Noam (Ohad Knoller), es un joven soldado israelí que abandona el ejército y vuelve a su colorista barrio de Sheinkin, al corazón de Tel-Aviv, donde convive en un piso con Lulú y Yali (Alon Friedmann y Daniela Witzer), dos jóvenes llenos de vida que, al principio del filme, tratan de mostrarse al margen del conflicto que sacude su país. A ese piso llega Ashraf, (Yousef ‘Joe’ Sweid) un joven árabe a quien Noam había conocido en el momento de elevado crispación con el que -en el tono documental de la cámara en mano de un periodista interpelado por la armada sionista- se abre el filme. Y a lo largo de toda la historia la inmediatez convulsa y el pasado desgarrado se fundirán con un presente donde se van cerrando las salidas.

Entre Noam y Ashraf se inicia una historia de amor imposible, con ecos evidentes, en versión contemporánea e iconoclasta, de “Romeo y Julieta” de W. Shakespeare, a la vez que un cambio interior en todos los principales personajes secundarios que inician, como los protagonistas, una cruzada pacifista y de activismo callejero, truncada por un estallido que nos devuelve a la sangrienta realidad de las noticias. Fox observa a estos jóvenes con ternura y su intento de cambiar la situación es tratada con una mezcla de calor y desencanto. Como en el caso de los protagonistas de “Yossi & Jagger” parecen vivir en una gran mentira (burbuja) que va a estallar ante la radiante inocencia de sus rostros jóvenes y sus brazos armados alternativamente de móviles, fusiles o altavoces desde los que intentar expresar su disconformidad ante una sociedad ensordecida por el chauvinismo y el racismo.

La historia de amor nos muestra que la homosexualidad es vivida de manera distinta en las dos culturas, enfrentando el hedonista Tel-Aviv con sus bares de ambiente, sus tiendas de discos, sus restaurantes, sus teatros… con el mundo empobrecido y amenazado donde ha crecido el joven palestino. De la gran metrópoli conoceremos el mundillo aparentemente despreocupado en el que el trío israelí parece desenvolverse con soltura, los bares gays o filogays, los restaurantes caros, los lugares de trabajo y ocio, en los que aparecen personajes simpáticos o antipáticos, racistas o integradores.

Los tres protagonistas hebreos viven su cotidianeidad con increíble frescura, viven su juventud y sexualidad, masculina y femenina, homo y hetero, con gran desenvoltura y sus modelos son claramente occidentales tanto en el plano de la cultura popular (con sus cantantes de moda, drogas de diseño ) como en el intelectual, que incluye una cita a la sacerdotisa de la teoría queer estadounidense Judith Butler que ha escrito recientemente sobre la posición de los judíos estadounidenses respecto a la política deshumanizadora de Israel. Estamos ante la interiorización de una serie de modelos colonialistas que ya veíamos, de otro modo, en el batallón de “Yossi & Jagger”, donde los soldados, casi adolescentes, hablaban de cantantes norteamericanos y de actores y actrices tomados del imaginario hollywoodiense y la cultura popular norteamericana. Un imaginario que, aunque también presente, resulta todavía increíblemente lejano para la desfavorecida población palestina que vemos en el filme, un núcleo anclado en la tradición y acosado por la escasez y por la arbitrariedad del militarismo israelí.

Ese entorno familiar, patriarcal y asfixiante, rechaza y “pone bajo sospecha” al joven árabe cuando éste “sale del armario” a “la manera occidental” y sus parientes empiezan a mirarle con desconfianza y precipitar su enlace con una prima lejana presentada como una mujer más cosmopolita. Fox critica la homofobia y el sexismo de la cultura árabe con su jerarquía familiar y sus estrictas leyes parentales pero apenas hace mención de las actitudes igualmente hostiles de la ortodoxia judía más tradicional, que se opone con violencia simbólica y física a las manifestaciones del orgullo gay en Jerusalén y a cualquier tipo de cuestionamiento de las fronteras religiosas, sexuales o raciales. Una violencia ancestral que aparece en la espléndida “Eyes Wide Open” una historia de amor imposible entre un maduro carnicero y un joven estudiante de la Tora en un barrio ultra-ortodoxo.

Podemos ver muchas trampas en el guión y coincidencias en el ensamblamiento del relato y la evolución de las relaciones de los personajes pero la calidez y el ritmo que Fox, un gran mezclador de canciones, sonidos e imágenes, hacen perdonar la excesiva tendencia a la tragedia ambigua y el melodrama lacrimógeno sobre el amor y la guerra.
Fronteras reales y simbólicas en una burbuja que significa aislamiento y una mezcla de temor y confort, el amor en árabe, los amores interraciales, la ocupación y la culpa en hebreo. Esta vez Fox pone toda la carne en el asador y va más lejos al retratar el racismo judío contra los árabes que ya aparecía en algunas secuencias clave de “Caminar sobre las aguas”, mostrando con dureza las tropelías cometidas por la armada israelí sobre el lugar, al tiempo que muestra los prejuicios del pueblo palestino hacia la homosexualidad y también la subordinación implícita de las mujeres. Vemos en la secuencia de la boda de la hermana de Ashraf cómo hombres y mujeres bailan en espacios separados y cómo el hermano gay es observado con hostilidad e incomprensión por los suyos a causa de un amor doblemente prohibido: por fronteras sexuales, y culturales, raciales o sociopolíticas.

El color blanco del vestido nupcial de la hermana del protagonista árabe adquiere una gran importancia en una historia, contada con gran elegancia plástica y una encendida paleta de paisajes y paisanajes, pero eludiendo cualquier tipo de esteticismo o mostrando, tal vez, incapacidad para dominar el ascetismo visual y la fuerza de lo pictórico como hace Gitai. El mismo vestido de boda de Rana será interceptado en un puesto de control donde la armada sionista inspecciona con acritud y sin el menor pudor los objetos personales de la población palestina en general y el ajuar matrimonial – sacrosanto para los valores de la cultura vecina- en particular. Es ese mismo vestido blanco sobre el que llora desconsoladamente Ashraf después del asesinato de su hermana por las balas israelíes y que augura un futuro negro.

Pero, mientras en “Walk on Water” el final era, a la vez que dinámico, melancólico y optimista, en “The Bubble” el director y su marido y guionista Gal Uchovsky se embarcan en una tragedia pesimista con mayúsculas, dada, sin embargo, con la habitual delicadeza, riqueza expresiva, gestual, aparente candidez, astucia y honda humanidad de todo su cine, lo que hace que su relato cautive y emocione por igual.

 

 

Amor homosexual

En “The Bubble” Fox hace pasar al otro lado de la barrera no sólo al joven árabe ilegal sino también a algunos nombres claves de su cine como el roquero Ivri Lider, cantando a Gershwin (“The Man I Love”) en un bar gay, o a Lior Azkenazi (protagonista de “Walk on water”) interpretando “Bent”, el clásico teatral de Martin Sherman, una historia de amor y amistad entre un preso judío y otro represaliado por su homosexualidad (triangulo rosa) recluidos en celdas contiguas de un campo de concentración nazi y que sirve como eco de la historia de amor imposible y las barreras geográficas y espirituales que cuenta el filme.

La sombra del holocausto vuelve a aparecer en este filme aunque esta vez Fox se adentra, de un modo algo tímido pero ya innegable, en el holocausto del pueblo palestino a través de una historia de amor que acaba adquiriendo abismales ecos sociales y humanos. Una historia que comienza siendo intimista y desenfadada, colorista y lúdica y acaba adquiriendo resonancias de alegoría política, que no por obvia y fatalista deja de estar llena de belleza.
El próximo filme de Fox y Uchovsy -“Yossi” a secas- se anuncia como una historia intimista acerca de un hombre isarelí (Ohad Koller) que, en la mitad de su vida, decide salir del armario en una sociedad cambiante y ante un nuevo grupo de amigos.

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