La batalla que libró la primera pareja gay mexicana por adoptar

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Michael Lacher y Diego Sánchez se convirtieron en los primeros en darle el derecho a un menor a tener una familia, pero no sin antes librar una lucha jurídica que ganaron a punta de persistencia y amor por su nueva hija.

A finales de 2014 un amigo en común los presentó. De inmediato, eso llamado popularmente como ‘química‘ apareció. Diego Sánchez creyó por fin en el amor a primera vista cuando conoció a Michael Lacher, nacido en Israel, pero con marcado acento argentino gracias al origen porteño de sus padres.

Pronto la relación entre ambos se fortaleció y ninguno de los dos dudó en dar el sí el 29 de diciembre de 2015, cuando se hizo oficial el matrimonio que los declaraba como nueva familia. Desde siempre fueron apoyados y respetados por sus padres y yernos. Pero ambos querían que la familia creciera.

Y no solo creció, sino que se convirtió en la primera conformada por una pareja homosexual que puede adoptar en Colombia.

“Hablamos mucho sobre la idea de adoptar a nuestro hijo. Ya llevábamos un año de casados y tratamos el tema como pareja, de una forma muy seria y responsable”, cuenta Diego Sánchez.

Cuando ambos estuvieron de acuerdo en emprender la búsqueda del nuevo miembro de la familia empezaron con todos los trámites que les exigía el ICBF. Les pidieron exámenes médicos, declaración de la Dian. Les preguntaron a sus vecinos cómo eran como personas y les solicitaron cartas de referencia, una de ellas firmada por Luis Bernardo Vélez, secretario de inclusión social de Medellín.

“Nos pareció apropiado que alguien que sea amigo, pero que también conozca el tema de las minorías y de la población en riesgo en Medellín firmara una referencia”, dice Michael.

En el año 2015, la Corte Constitucional -en un fallo histórico- decidió que la identidad sexual no puede ser un criterio para definir si una persona puede adoptar o no. Así amplió el derecho de los menores de edad frente la posibilidad de ser adoptados por parejas homosexuales.

El camino comenzó en la Corporación Casa María y el Niño, pero el ICBF le quitó la licencia para operar en conjunto con esa institución privada. Fue así como el proceso continuó directamente con el Bienestar Familiar. Durante los talleres, que se hacían con otras familias, se sintieron siempre aceptados y nunca existió discusión alguna por su homosexualidad.

“Los psicólogos, por separado, nos preguntaron cómo asumimos nuestra homosexualidad. A lo cual nuestra respuesta fue que de la misma manera que nuestros hermanos asumían su heterosexualidad. Entendemos que puede ser con que somos los primeros. Pero la verdad nos pareció muy boba esa pregunta”, reclama Michael.

El instituto escoge un menor determinado y a tres familias como posibilidades. Los psicólogos, en un comité de adopción, eligen a la familia ideal para ese menor. Y cuando todo estaba hecho para concretar el siguiente paso empezaron los problemas para la pareja.

Una batalla legal

Michael, ciudadano que porta la visa TP10 en calidad de cónyuge por estar casado con Diego, recibe una noticia por parte del ICBF, en la que se le comunica que no se puede continuar con el proceso de adopción porque le hace falta la visa RE de residente. Pero este requisito nunca se les exigió con claridad o de manera formal.

Dice Michael que “esa visa se demora un año y medio más. Es decir, tengo que tener tres años de casado, cuando voy y pregunto al ICBF la razón, me dicen que en la central de Bogotá eso es lo que se pide”.

Desesperado por no perder el esfuerzo que él y su esposo han hecho, llama con ahínco a la central en Bogotá. Allí le piden una reunión con el subdirector de adopciones, Eduardo Franco, quien los recibe luego de innumerables intentos y les responde que en efecto pueden continuar con el proceso. Michael viaja a Argentina a visitar a su abuela y cuatro semanas después el abogado le informa una vez más que necesita la visa RE y que “cuando la tenga hablamos”.

Era un imposible jurídico porque les daban tres meses para conseguir una visa que se demora año y medio, pero que, además, no es necesaria debido a que no se incluía así en el lineamiento del ICBF.

El juzgado primero administrativo de Medellín le dio la razón a la pareja.

Pero para que el despacho de la jueza Omaira Arboleda Rodríguez pudiera tomar una decisión, primero les tocó acudir a la tutela. Michael se reunió con los abogados Carlos Eduardo Restrepo y Marta Martello, y entre los tres redactaron el documento. La pareja estuvo de suerte, pues ambos especialistas decidieron no cobrar un peso por el trabajo.

“Lo hicieron porque vieron una injusticia muy grande. Y la tutela de hecho fue en nombre de un menor indeterminado. No fue en nombre nuestro porque somos conscientes que los adultos no tienen derecho de adoptar, sino que el menor tiene derecho a una familia”, dice Diego.

La tutela se le reparte al juzgado de Omaira Arboleda Rodríguez, quién le solicita a Michael papeles de Colpensiones y de ARL para demostrar que es residente. El proceso siguió su rumbo, sin embargo, Arboleda les preguntó: “¿Por qué no esperar un año y medio?”.

La respuesta de Michael y Diego siempre fue que no es justo que le hagan esperar un año y medio más a un menor para tener su familia.

Pero abrir el camino de la adopción de parejas del mismo sexo fue hasta el último momento un drama. Cuando el juzgado falla en favor Michael y de Diego, el ICBF decide apelar.

“El lineamiento no habla de que se trate de una pareja del extranjero. Habla de que el extranjero residente en el país pretenda una adopción aquí, por lo debe aportar la visa RE”, dijo Luz Marina Estrada, defensora de familia del instituto.

Michael trató de contener las lágrimas cuando supo de la apelación.

Sin embargo, de nuevo la jueza fue contundente: “Al realizar una interpretación de los lineamientos no se especifica el tipo de procedimiento a seguir entre una pareja conformada por colombiano y extranjero”.

El Tribunal Administrativo de Antioquia en segunda instancia confirmó en su totalidad: hay adopción.

¿Cómo será el nuevo integrante de la familia?

Aunque se trata de una adopción, ni Michael ni Diego tenían certeza de cómo luciría su hijo o hija. Ni su edad, ni su lugar de origen. Nada.

En los talleres que la pareja cursó al principio del proceso les hicieron llenar una lista de 36 condiciones que estarían dispuestos a aceptar o no. “A muchos le dijimos que sí. Eso nos dejó en shock porque es interesante ver como las parejas no están dispuestos a ciertas cosas”, cuentan.

El 10 de octubre les confirman fecha de encuentro y Diego -de la ansiedad- pregunta cuándo podrá tener en brazos a su bebé.

Luego todo fue con prisa. El bebé y sus padres tuvieron tres semanas de preparación como antesala a su encuentro. El apartamento quedó con un cuarto totalmente blanco a la espera del nuevo ser que ocuparía ese lugar. Llevaron al bebé a un chequeo médico con los papás de Diego y un amigo médico de Michael, el doctor Yoel Korenfeld, porque sus padres no podían ver a su bebé todavía.

Su primer acercamiento visual fue por una foto. Ambos sonrieron al ver a la “chiqui” que pronto ocuparía sus vidas. Michael llamó a sus padres en Argentina, quienes no pudieron contener la emoción.

Cuando fueron a recogerla la oficina del ICBF se llenó de bombas y aplausos. Pronto la pequeña Emma, una negra de pelo rizado, sonrisa brillante y ojos oscuros, se robó los corazones de sus dos papás.

Emma está feliz con una familia.

Vía semana

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