Homosexualidad animal, ¿'contra natura'?

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Uno de los argumentos más usados por las religiones, desde el comienzo de la historia, ha sido condenar la homosexualidad con ese argumento, manido a la par que socorrido, de que es una conducta “contra natura”, es decir, contra el orden natural establecido, sin embargo veremos que esto no siempre es así.

delfines

10/02/2013 – Andrés Melgarejo Evidentemente, el concepto de “natura”, es decir, el orden creado, tal y como lo conocemos, no queda al margen del desarrollo científico y de la capacidad del ser humano de investigarlo todo, lo que significa que lo que antiguamente se desconocía, o no se comprendía, puede ser perfectamente explicado en la actualidad. Además, el hombre tiene la tentación de antropomorfizar su objeto de conocimiento, es decir, poner la naturaleza bajo su propia forma de comprender y ver las cosas, lo que es un craso error.

De esta manera, partiendo de la visión humana de la existencia de dos sexos, varón y hembra, en el ser humano, y orientada su actividad sexual a la reproducción de la especie, la contemplación en la naturaleza de la existencia de ambos sexos y del desarrollo de la misma actividad sexual, tienden a homogenizar toda la naturaleza desde esta comprensión humana, siendo así que todo lo que se salga de la norma, resulta por tanto “contra natura”, es decir, anti-natural, pero se olvida que, ciertamente, el hombre, en contra de lo que se decía en el renacimiento, no es la medida de todas las cosas.

Así está más que demostrado que existen ejemplares de delfines comunes (tursiops truncatus) que, siendo machos, se emparejan de por vida entre sí, los científicos han observado, siendo esta especie monógama (es decir que suelen tener pareja para toda la vida), que incluso su actividad sexual comprende felaciones y penetraciones anales.

bonobos_copy

Los bonobos (pan paniscus), o chimpancés pigmeos, que por otra parte tienen las dosis de antropomorfización (es decir, parecido humano en su comportamiento) más altas, tienen una sociedad (basada en clanes familiares jerarquizados, presididos casi siempre por la hembra de mayor edad) en la que han hecho de la sexualidad toda una compleja forma de relacionarse, al margen de la procreación y de los ciclos estacionales de receptividad sexual, en la que –por ejemplo- las hembras ofrecen a los machos sus servicios sexuales a cambio de comida, o practican sexo después de una pelea, como forma de hacer las paces, y al ser un clan matriarcal, la sexualidad entre las hembras es muy activa, siendo así que el 60 % de la actividad sexual de un clan, se corresponde con juegos sexuales entre sus hembras.

bisontes

El cortejo, la monta y la penetración completa no es un ritual al que se dejan de sustraer los bisontes americanos (bison bison), aún siendo machos ambos ejemplares, hasta el punto de que este comportamiento, conocido desde siempre y documentado en esta especie, también fue observado por los nativos de América del Norte, por eso la tribu de los lakotase refiere a este comportamiento homosexual del bisonte como el acto “pete winkte”, es decir, “la unión de los dos espíritus”, por referencia a las personas transgénero, gays y lesbianas, por otra parte aceptadas en sus tribus al ser correlato del animal que impregna toda su cultura, el omnipresente bisonte.

pinguinos

Los pingüinos (sphenescidae) tienen una tasa altísima de establecimiento de parejas homosexuales entre varones, que siendo monógamas, también construyen sus nidos, sustituyendo el huevo por una piedra del entorno, o mejor aún, robándoselo a otra pareja heterosexual vecina. Famoso fue el caso de los pingüinosgays del zoológico de Alemania, cuyos cuidadores atribuyeron esta conducta a la falta de hembras, llegando a importarlas desde otro zoológico de Suecia, aunque resultó un fracaso, porque los pingüinos gays hicieron el desprecio a sus nuevas compañeras, simplemente, no haciéndoles aprecio y siguieron a lo suyo, su relación, su nido y su huevo falso.

gaviotas

Se ha descubierto recientemente que las gaviotas comunes (larus occidentalis) suelen establecer, una vez fecundadas, relaciones muy estrechas de emparejamiento entre hembras, que hace que su trabajo en equipo y sobreprotector sea mucho más eficaz para sacar juntas adelante ambas nidadas, con un porcentaje de éxito en la supervivencia de sus polluelos más alto que el de las hembras que prefieren ser ayudadas en la misma tarea por sus machos.

Y el centro en este ranking, sin género de duda, debe de ser para la lagartija de la familia de las teiidae, que tras miles de años de evolución, han prácticamente extinguido el género masculino. Es decir, se reproducen por “partogénesis”, sus huevos no necesitan ser fecundados para ser fértiles, lo que hace que sus crías sean genéticamente idénticas a sus madres. Aunque para que se produzca la fertilidad de los huevos puestos, aún como vestigio de aquella época en la que existían los machos, es necesario que sea excitada para ello, lo que sucede cuando se tropieza con otra hembra y ambas simulan un coito en toda regla.

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