Donald Trump no ha dado la espalda al colectivo LGBT

La Casa Blanca confirma que el presidente no tienen intención de revocar la Ley de Igualdad que protege a las minorías en función de su raza, género, religión, orientación sexual e identidad de género en respuesta a rumores que advertían que sería el próximo decreto que estaba previsto fuera firmado por Donald Trump. «El Presidente Trump sigue siendo respetuoso y solidario con los derechos LGBT, tal como lo fue durante las elecciones. El presidente se enorgullece de haber sido el primer candidato para la presidencia que ha mencionado al colectivo LGBT en su discurso de aceptación de nominación, comprometiéndose entonces a proteger a la comunidad de la violencia y la opresión», sostiene la Casa Blanca en un comunicado el lunes, 30 de enero.
Los elaborados rumores sobre la firma de la posible derogación de la Ley de Igualdad comienzan a circular durante el fin de semana en Washington D.C., haciendo referencia a la intención del presidente de derogar la ley haciendo referencia únicamente a la orientación sexual y la identidad de género, que habría afectado únicamente a los trabajadores federales o empresas vinculadas. Inicialmente fueron personas familiarizadas con las deliberaciones del presidente, bajo la condición de anonimato, quienes aseguraron que este rumor era falso y que estaba muy lejos de las intenciones del presidente, para ser finalmente la Casa Blanca quien ha desmentido estos rumores.

A pesar de que en campaña se había pronunciado en contra de la ley de restricción de uso del cuarto de baño a personas transexuales en Carolina del Norte o de que tenía el apoyo confeso de influyentes homosexuales como Peter Thiel, a quien incluye en su equipo de transición una vez elegido presidente, no consigue tranquilizar a la comunidad LGBT, que teme lo peor, el hecho de que Mike Pence, conocido por ser altamente homofóbico y responsable de la la aprobación de libertad religiosa de Indiana, sea su vicepresidente. El brote de homofobia que se desata a lo largo de todo el país la semana posterior a su victoria electoral que se salda con 437 denuncias por homofobia y el resurgimiento de los sectores religiosos más radicales, que ni siquiera cesan ante el llamamiento a la calma de Trump en su primera entrevista tras su elección, cogen forma en el momento en que, sólo horas después de asumir oficialmente el cargo de presidente, desaparece de la página oficial de la Casa Blanca cualquier referencia al colectivo LGBT, además de a los derechos civiles o el cambio climático.

De hecho, anticipándose a las multitudinarias protestas que se extienden a cada nuevo decreto que firma el presidente estadounidense, y mucho antes de que el activista neoyorquino convocara la National Pride March coincidiendo con la misma semana del Orgullo en la capital estadounidense, el colectivo LGBT ya había convocado la Queer Dance Tea Party delante de la casa de Mike Pence en Washington, cuyos vecinos se habían adelantado incluso al colectivo mostrando su desacuerdo con las ideas homofóbicas del vicepresidente electo colgando banderas LGBT desde sus balcones y ventanas. No es de extrañar que cogiera fuerza un rumor como este en medio de todo este clima de confusión y crispación.

«No estoy adelantándome a las órdenes ejecutivas que podemos o no emitir” (…). Hay un montón de órdenes ejecutivas, muchas cosas de las que el presidente ha hablado y seguirá cumpliendo, pero ahora no tenemos nada en ese frente», asegura Sean Spicer, secretario de prensa de la Casa Blanca, a los medios de comunicación este lunes, pero negándose a comentar su se estaba considerando alguna orden ejecutiva que afectara a las personas homosexuales, bisexuales o transexuales. El decreto firmado por Barack Obama en 2014 ampliaba la protección en la contratación federal, que ya prohibía la discriminación basada en la orientación sexual, para incluir también la identidad de género, exigiendo además que todas las empresas vinculadas laboralmente con el gobierno federal cumplieran igualmente con esta normativa. Una medida que afectó favorablemente a unos 28 millones de trabajadores, una quinta parte de la mano de obra estadounidense, distribuidos en alrededor de 24.000 empresas. Sin embargo, también recibe fuertes críticas de los líderes religiosos, incluyendo numerosos aliados del propio Obama, al no ofrecer ninguna exención para organizaciones religiosas como Catholic Charities USA, que reciben subvenciones federales, en lo que habría sido una licencia para la discriminación, tal y como defendieron muchos activistas y grupos en defensa de los derechos del colectivo LGBT.

«El gobierno de Trump ha demostrado que está dispuesto a ir en contra de los valores centrales de libertad e igualdad de los estadounidenses, y es preocupante escuchar que las personas LGBT pueden convertirse también en su objetivo», advierte James Esseks, director del programa LGBT de la American Civil Liberties Union, que asegura que cualquier intento de la Administración Trump en rescindir o debilitar la Ley de Igualdad de Obama podría considerarse un pretexto para «autorizar la discriminación» hacia cualquier persona homosexual, bisexual o transexual.

Vía Boy4Me

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