Diputado del PSUV,Hugbel Roa: homofobia muestra los dientes

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Un país donde todavía se esgrime la sexualidad de una persona como argumento para descalificarla moralmente está sometido a un auténtico atraso cuartelario. Más preocupante todavía es que dicha acusación se ventile en un foro público, delante de los medios de comunicación.

Como en la Asamblea Nacional, por ejemplo.

El 13 de octubre el parlamento discutía el acuerdo de júbilo por la designación de monseñor Baltazar Porras como cardenal. El diputado Williams Dávila había iniciado el debate con un resumen de la hoja de servicios de monseñor Porras, al señalar su apostolado a favor de los necesitados, amén de sus indudables méritos en la educación.

Con el turno del diputado Hugbel Roa (PSUV), llegaron las “revelaciones”. Roa se despachó a su gusto atacando a Porras. Ante las cámaras de televisión pasó roncha con la designación del nuevo cardenal. Alegando que éste supuestamente había criticado una vez el nombramiento como cardenal de Jorge Urosa Sabino por “homosexual”, y que “eso es este señor [Porras] que en estos momentos ustedes están apoyando”.

Desde la Fundación Reflejos de Venezuela nos preguntamos: ¿quién nombra a los cardenales? ¿El Vaticano o la Asamblea Nacional?

Como cabía esperar, la “denuncia” había servido convenientemente para sazonar otras preocupaciones de fondo. Esto es, la identificación dePorras con las supuestas maquinaciones de la “derecha”.

Más allá de que Roa en un perfecto desplante de macho “cuatriboleao” arrojara el micrófono contra el diputado opositor Marco Bozzo cuando éste le pidió respeto (cosas peores se han visto ya el parlamento en demostraciones de barbarie),  lo que queda para el vulgo es una secuela de implicaciones equívocas. Es así como parte de la opinión pública (y alguno que otro diputado) muerde el anzuelo. Y lo que sigue es pedir el “desagravio” a Porras por haber sido llamado “homosexual”.

La estrategia anti-LGBT

En países avanzados (que no es éste), la orientación sexual de alguien deja de ser de la incumbencia de nadie. Ciertamente, no es de la incumbencia del parlamento. La orientación sexual de sus sacerdotes tampoco es (o no debería ser) siquiera de la incumbencia de la Iglesia. El cumplimiento del celibato sí lo es.

Por desgracia, todavía se echa mano a la requisitoria homofóbica enVenezuela como arma para silenciar al adversario político (Porras, ahora purpurado, es objetivo político, por ahí van en realidad los tiros). Roarecurre al chisme, la infamia y la agresión simplemente para tapar su abismal falta de argumentos, su oceánica irracionalidad.  ¿Pero acaso debería sorprendernos en una revolución que se quedó exhausta de ideas, vacía de argumentos?

El régimen ha invertido tiempo, energías y creatividad organizativa en buscar partidarios entre la comunidad gay y lésbica. Ha procurado hacer suya la bandera antidiscriminación LGBT. Mas, ay, esa bandera está siempre descosiéndose: la actitud oficialista ante las minorías sigue siendo fragmentaria, incoherente y prejuiciosa. ¿Puede extrañarnos que la bancada oficialista estuviera notoriamente ausente el día que laAsamblea adoptó la declaración del 17 de mayo como Día contra la Homofobia?

Monseñor Porras, en este asunto, debería estar más allá del bien y el mal, siendo el ser humano que es. Desgraciadamente aún no es así para lacomunidad LGBT, la agraviada de fondo en este episodio.

Fundación Reflejos de Venezuela

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