Cuando Caracas se traviste [GALERÍA]

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En el día internacional contra la homofobia y la transfobia te dejamos acá historias de una Caracas que se pone la ropa del sexo opuesto y, pese a todos los prejuicios, además de feliz, es fabulosa

Hace más de cinco meses que conozco a Eduardo Tejada. Llegué a él a través de Ebony Villanueva, una diva que ha estado causando sensación en las noches caraqueñas.

Tres oportunidades de sentarnos a hablar fueron apagadas por fallas eléctricas, crisis política y la vida misma.

Hoy, todo ese tiempo después, por fin tengo la oportunidad. Es lunes por la noche y mientras la ciudad se prepara para dormir, un pequeño café de La Castellana espera con euforia a una reina de la vida nocturna para rendirle homenaje: la flamante Ebony.

Me encontré con ella… bueno, quien me recibe es Eduardo.

Pasa que Eduardo y Ebony son la misma persona… pero no… no del todo…  A sus 16 años, recuerda que seguía en bachillerato, empezó a vestirse de mujer para ir a fiestas.

Un día, mientras daba un show doblando “And i am telling you” en la que desde entonces ha sido su casa, Cool Café, la gente se entusiasmó tanto que hasta la policía bajó a ver qué pasaba. Dreamgirls marcó un antes y después… y efectivamente, tal como dice esa canción,  todos terminaron amándola.

Lo que inició como  joda, hoy es su trabajo. La pasión por los aplausos le llevaron por el camino del show fonomímico. Eduardo es quien le da vida a la gran Ebony… aunque ella también lo llena a él.

Y sí, para referirse a ella y a él hay que hacerlo en superlativo. Son tan grandes y fabulosos como se ven. La historia detrás de todas las lentejuelas y las plumas está llena de sacrificios que le han traído hasta el sitial privilegiado que ocupa ahora.

Bajando por unas escaleras, que parecen de hospital sin presupuesto más que conductoras a un lugar repleto de divas, llegamos a un espacio lleno de luces. Lo que, cuando fue concebido se hizo como depósito, hoy es el camerino de las divas travestis más cotizadas y famosas de toda Venezuela.

Hay espejos de un lado y del otro, enmarcados por bombillos no ahorradores, estantes con quién sabe cuánto  maquillaje, pelucas guindando aquí y allá y un perchero atestado de trajes coloridos y brillantes de fondo.

El sonido que hace la cinta adhesiva mientras los chicos se moldean el cuerpo y practican el acto de esta noche -con la pista a todo volumen- entorpece la conversación.

Por eso Eduardo y yo nos sentamos en las escaleras a hablar de Ebony y la vida. Ahora tiene 30 años. Hasta hace menos de cinco meses era un trabajo de medio tiempo pero ahora es su oficio principal.

Después de haber empezado en fiestas y haciéndolo esporádicamente, hace unos 8 años que lo hace de manera ininterrumpida. Está por recibir su título en Gerencia Hotelera y los planes que tiene son grandes, ahí mismo enCool Café, tres meses tiene coordinando el lugar.

“La universidad del show travesti en Venezuela”, como le llaman quienes integran el selecto y diverso grupo de divas, tiene mucho de negocio pero aún más de amor al arte.

Entre los murmullos se escucha que una le pregunta a otra si ya depositarían los Cesta Tickets. Todo el glamourque inspiran es real, aunque el presupuesto  no dé para tanto.

La gente que se acerca lo hace para admirar el show, las llamadas revistas musicales, donde doblan a grandes divas del mundo musical, le dieron el auge grandioso en templos drags como Sunshine, Zig Zag, La Tortilla o Tiffany, que ya no están. En estos días, con menos locales y más movimiento,  la comedia se abre paso.

Aunque a ratos puede parecer pesado, el humor del que se valen es el resultado de sus vivencias y cala cada día más en el público. En sus inicios a Eduardo  le dijeron: “O te pones las pilas o te van a quemar todo el tiempo” y ha sido así desde entonces.

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¿Hombre vistiéndose de mujer en Venezuela?

Vestirse como el sexo opuesto para entretener no es un trabajo convencional ni aquí ni en ninguna parte del mundo. Pero en el aparente conservacionismo venezolano a muchos podría resultarles escandaloso.

La homofobia, la ignorancia y sus afines son una constante aunque varias encuestas indiquen que la población de este país es más abierta de lo que el discurso de muchos líderes profese.

No por ellos, sino a pesar de, las cosas han estado cambiando paulatinamente. Pregúntenle a Parchita (Luis Perozo), un divo con más de 25 años de experiencia haciendo shows. Él ve un cambio drástico haciendo una comparación desde que empezó.

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Aarona Baker (Aarón Mujica) piensa lo mismo pero no lo deja tan abierto: “la homofobia todavía existe“, dice.Hasta los mismos maricos te discriminan”.

Algunos los ven como poco serios, “loquitas, fuertes” y terminan irrespetando algo que no solo es su trabajo, es su forma de expresión.

Ya tiene casi 14 años trabajando de noche y, de acuerdo a su experiencia, los travestis están siendo más aceptados a nivel social. Tal vez por el cine y las expresiones de arte que los visibilizan.

Piensa que todo se debe a eso, a mostrar una realidad que existe y no le hace daño a nadie.

A todo eso hay que sumarle que si conseguir harina de maíz en este momento en el país es difícil, no tienen ni idea de lo que es encontrar ropa de mujer que le sirva la hombres. Casi todo tienen que importarlo.

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Cuando hay que quitarse el  rimel

Fuera de Cool Café,  todos tienen un vida sustancialmente distinta. A Eduardo al principio no lo aceptaban en su familia, se descubrió que tenía ese trabajo porque su hermano quedó en evidencia.

Y es que la suya es una familia fastásticamente llena de brillo: Ebony y Eduardo tienen una hermana biológica tan fabulosa como ellos, la célebre en el ambiente Renata Villanueva.

Lo que fue un tabú, ahora se celebra en su casa. A veces su mamá viene a ver el show.

Pero no todos tienen la misma suerte, como Aarona, quien no ha recibido más que rechazo. A pesar de ello se ha creado una familia nueva de amigos que no le juzgan. 

El prejuicio por el trabajo no solo se encuentran  en los más cercanos, llega influenciar a la hora de encontrar pareja. Eduardo dice que no tiene suerte para el amor y Ebony tiene que ver en eso.

 A veces llegan hombres después del show ofreciendo dinero a cambio de una noche pero su cuerpo no se vende. Y sus sentimientos menos.

Nunca ha tenido ni tendría sexo trevestido porque eso no es él. El travestirse, para él, no le define. “Queda de parte de uno como gay hacerse respetar. Tu sexualidad es tuya, no del entorno”, dice.

La felicidad, en sus palabras, es un complemento en cuanto al trabajo, sentirse querido, cumplir metas y, a veces, sentir a alguien al lado. Le falta el último ítem pero no le quita el sueño.

El amor de todo lo demás llena los huecos. En especial el de su hijo de 12 años (quien todavía no sabe en qué trabaja su papá… pero ya llegará el momento).

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El Miss Venezuela es un juego de niñas

Compartir el camerino con un montón de divas más no es cosa fácil. El Miss Venezuela termina siendo un juego de niñas. Aquí no tienen que hacerlo un tiempo hasta que llegue el concurso. El concurso es todas las noches por ser la más aplaudida.

Mientras Eduardo empieza a convertirse en Ebony gracias a su técnica, casi mágica, de maquillaje me cuenta que la competencia es fuerte pero, sin hacer pausa,  que ahí todo se mide más allá de la belleza,  lo que cuenta es el talento.

En sus inicios le escondieron las pelucas por más de un mes. Y eso no es nada…

Cuando hago la pregunta abierta, “La Chicky”, otra de las veteranas responde como jugando pero como en serio: “aquí no hay maldades pero todas son nietas de Satanás”, y suelta una carcajada.

A pesar de eso Ebony, ya en todo su esplendor, asevera que hay rivalidad pero también hay compañerismo. Lo puedo comprobar porque una vez deja de ser Eduardo la esperan para ponerle el vestido y arreglarle el peinado.

Del otro lado de la habitación discuten sobre una de las -ahora- muchachas se parece a Yajaira Vera o no. En ese momento suenan nombres de misses que nunca antes había escuchado.

Ya todo está casi listo. Todo tiene que verse y ser perfecto.

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Larga vida a la reina

El show de hoy es para rendirle homenaje a la gran Ebony Villanueva por haberse llevado la corona del Miss Gay Venezuela Plus. El público la recibe eufórico, como toda una soberana.

Aquí nadie sabe la historia detrás de todo el maquillaje y no hay prejucio que les haga ver menos. Su reputación no se pone en juicio, a menos que esa sea la joda del día impuesta por ella.

Después de hacer reír a carcajadas a todos se anuncia el fin del espectáculo pero la gente quiere más. Le aclaman otra, y al público, lo que pida.

Los ánimos quedan como si fuera sábado y apenas acaba de terminar el lunes.

Esa es solo una historia de Caracas en las noches, cuando se traviste… y además de feliz, es fabulosa.

 

Vía Planetaurbe

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