Conoce a Karl, primer hombre trans en ser operado en Los Magallanes de Catia

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Por primera vez en el país una institución pública de salud está dispuesta a desarrollar un programa diseñado para atender a la población transgénero venezolana. El Hospital de Los Magallanes de Catia dio la primera muestra de su compromiso al abrir su quirófano para realizar la adecuación corporal de Karl Rodríguez, que a sus 42 años por primera vez se ve en el espejo como le habría gustado desde que era un niño.

Karl Rodríguez no titubea; sonríe. Acaba de pasar por un proceso de adecuación corporal para abrazar su verdadera identidad, pero esa no es la noticia. Lo relevante es que en un país en el que la homosexualidad, y mucho menos la transexualidad, se discute o se legisla, donde el presidente de la república se refiere a sus oponentes políticos con insultos homofóbicos y donde la discriminación es parte de la vida diaria, el proceso quirúrgico se realizó en un centro de salud público: el Hospital José Gregorio Hernández, mejor conocido como Los Magallanes de Catia. Allá, al oeste de Caracas se desarrolla el Programa de Atención en Salud Trans, pionero en Venezuela y quizás hasta en Latinoamérica.

Karl comenzó a seguir los protocolos del programa hace tres años. El servicio empezó en 2015 en la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam), luego se mudó a la Unidad Clínica Integral de Especialidades Profesionales (Uciep) y ahora también está en Los Magallanes. Aunque desde los seis años de edad, él sabía que pasaba algo en su cuerpo que no encajaba con el modo en el que se concebía a sí mismo, no es sino hasta ahora, que tiene 42, que logró que le practicaran una mastectomía para extirpar los senos y una histerectomía para remover el útero y los ovarios.

Odia la ropa de niña y desde los 10 años —cuando pudo decidir— lleva el pelo corto. “Mis 15 años fueron lo peor de mi vida”. Usar un vestido de brillos y bailar el vals lo destruyeron. Mientras sus compañeras de clases y su hermana morocha planeaban el acontecimiento, que antaño solía presentar a las señoritas en sociedad, Karla Sofía —quien ya no existe— sufría.

“Yo lo suponía”, confiesa la madre, pero no lo admitía. Ella, Marisa Flores, es jubilada del Banco Central de Venezuela (BCV); el padre, Gonzalo Rodríguez, es jubilado del Ministerio de Salud. Marisa se enteró primero. Karl comenzó el proceso de atención psiquiátrica solo. Después de un año de consultas tuvo que llevar a su mamá a hablar con el médico. Él no se lo dijo, le dejó eso al experto. “El doctor me llevó a parte y me explicó todo. Fue demoledor. Lloré como nunca, pero luego lo acepté”. Tanto, que fue ella quien tuvo la misión de contarle a Gonzalo. Para el padre no fue tan fácil aceptarlo. Lo más complicado fue lograr que lo tratara con el pronombre él y no ella. Y así fue. Se mantuvo reacio un tiempo, hasta la operación. Ahora manda y dispone por el bienestar de su hijo, lo acompaña en todo: “Si él lo quiso yo lo acepto, los tabúes hay que cortarlos”.

El Programa de Atención en Salud Trans data de 2015. En ese tiempo Edward Romero, médico cirujano y especialista en salud sexual y reproductiva, dirigía Plafam. El proyecto solo duraría tres meses en la ONG, por lo que Romero al fundar la Uciep decidió continuar con el programa en la clínica.

No se limitan al área quirúrgica sino que también incluyen especialidades como psiquiatría, psicología, ginecología, urología, medicina interna y endocrinología.

Todo se quiere replicar en Los Magallanes. Llevar el proyecto a distintos hospitales para Romero fue una cruzada. Hubo rechazo, tras rechazo hasta que llegó a este centro de salud. Entonces el muro lo puso la burocracia, desde 2015 el hospital ha tenido dos directores. A cada uno hubo que educarlo hasta lograr convencerlos de que el programa era justo y necesario.

Que el hospital haya aceptado atender a Karl ya para Romero constituye un logro. A la tercera fue la vencida. Antes del 22 de marzo de 2017, día de la operación, hubo dos intentos fallidos. No había insumos, así que al interesado le tocó conseguir desde la solución hasta las suturas. Fueron seis meses de compras en los que invirtió alrededor de 150.000 bolívares. “En un centro privado jamás hubiera podido hacerlo. Mientras conseguía los insumos, trabajaba solo para eso”

Con información de El Estímulo

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